No es por pecar de orgulloso, pero el talento de León no lo hay en los territorios de alrededor. Al menos, en lo que a música cofrade se refiere. Extraña, por lo tanto, que la cabalgata de Reyes de Gijón volviera a llevarse a la élite de las cofradías leonesas, mientras que aquí no apareció ni una sola trompeta para animar el soporífero desfile de este año. De no ser por el bailongo guaje de la carroza de Baltasar, no habría merecido la pena ni acercarse a verla, pues para los niños fue mucho más ilusionante tenerlos cerca por la mañana en su llegada en tren.
Esto no es nuevo, la fuga de cerebros musicales lleva ejerciéndose desde que tengo recuerdos, si bien sorprende que nadie tome medidas. Las Bienaventuranzas, las Siete Palabras y Jesús Divino Obrero con sus gaitas regresaron el 6 de enero al desfile asturiano, si bien el diluvio que cayó, maldita lluvia para los papones, redujo su paso por la costa. Al igual que a veces ocurre en Semana Santa, sentía uno cierta envida sana de lo que fueron capaces de generar en Sevilla los músicos de Virgen de los Reyes, levantando a toda una ciudad a ritmo de ‘Bamboleo’, ‘A quién le importa’ o ‘I Will Survive’, mientras aquí tenemos al menos una agrupación que es capaz de hacer eso y más. Una ciudad como León, que tanto dice querer a sus cofrades, podría mimarlos y darles presencia en la cabalgata.
Puede ser complicado, sin embargo, que las Bienaventuranzas quieran quedarse aquí esa noche después de años comprometidos con Gijón, pero la clave está en el dinero, que es lo que el Ayuntamiento no quiere aumentar, aunque luego invierta medio millón en unas luces para poner las del año pasado. No puedo evitar preguntarme por el coste de llevar las mismas carrozas o el de comprar a unas pocas personas en el extranjero para pasearse dos horas con unos trajes poco novedosos. No creo yo que una banda de Semana Santa vaya a cobrar más y, si se elige la adecuada, habría tanto música caribeña para este Baltasar de aires cubanos, como villancicos, que eso brilló por su ausencia el otro día. Menos mal que, como dijo aquel andaluz, «ya le vimos la trasera al africano» y ahora se acerca lo que más nos gusta. Donde las bandas sí que tiene el sitio que se merecen.