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‘Ultreia’: cómo nació el Camino de Santiago

16/03/2026
 Actualizado a 16/03/2026
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Vuelo ahora mismo con el escritor Francisco Narla sobre los tejados de la catedral de Compostela. Narla estará en León el próximo día 19, a las siete de la tarde (en Pastor), para presentar ‘Ultreia’, su última novela sobre el Camino de Santiago. Hace más de 35 años (con permiso del Cabildo) subí aquí con un fotógrafo para hacer un reportaje de prensa, cuando aún nadie podía encaramarse. Ahora es moneda común entre turistas, que tienen esa maravillosa posibilidad. Flotar sobre esta cubierta de granito, pesada y etérea a la vez. Abajo, la ciudad-historia se agita levemente. Un sueño de nieblas y de invierno que ahora se despereza, con gente que llega de lejos. 

Mi amistad con Francisco Narla, aviador, escritor, pero también gran amante del tiro con arco (la flecha en el arco tiene que partir…), y de la apicultura, y no digamos de la pesca de río y la mosca seca, que algo de eso sabemos aquí en esta tierra, viene de muy lejos. De los orígenes. Ya con su casa asentada en Lugo, donde la naturaleza explota de belleza cada mañana, este hombre amante del campo, de los perros y de los cielos, que surca a menudo, me mostró un día aquella novela iniciática, ‘Los lobos del centeno’. Desde entonces, Narla no ha parado de escribir. Con un tesón y una dedicación a prueba de bomba. Su pasión por el arte de narrar y por la historia es sólo equivalente a esa pasión por alcanzar los cielos. Sus novelas se han contado por éxitos, con mención especial para ‘Assur’, cuya publicación seguí de cerca, ‘Ronin’, ‘El buen vasallo’, o ‘Breo’, o ‘Laín’, entre otras. Narla vive entregado a la causa de la literatura y al amor por la naturaleza y por los aviones. Nada en él parece circunstancial ni ocioso. 

Pero disfruta. “Me gusta entretener”, me dijo hace muchos años. No es que no pretendiera más. De hecho, ahora, mientras caminamos por las cubiertas catedralicias y nos acercamos, hasta casi tocarla con los dedos, a la parte superior de la Torre de la Berenguela (en cuyo corazón late un reloj fantástico que fue construido en Ferrol), Paco Narla me confiesa que no deja de leer sobre la técnica narrativa. «Desde Aristóteles hasta hoy, todo me interesa». Y cree que la novela histórica necesita, quizás, un lavado de cara. Es un género muy productivo, que atrae multitudes, pero, al leer ‘Ultreia’ (Planeta, bajo el sello ‘istoria’), uno descubre que este no es exactamente el Narla de los inicios, ni siquiera el de los primeros libros que atrajeron el éxito. Su escritura ha variado, es más colorista ahora, más matizada y, digamos, más apartada del relato de costumbre, incluso en la estructura sintáctica. Maneja el lenguaje popular de los diálogos, imita bien los registros de época y sigue transmitiendo humor y no poca crítica. 

Hablamos largamente, después de la presentación en Compostela. Hacía algunos años que no nos veíamos, pero compruebo que su pasión por la historia permanece indestructible. En el interior de la catedral, y sobre los tejados, muestra cómo fue la construcción del templo en aquellos tiempos revueltos, ya, en el siglo XII, bajo la mirada implacable de Diego Gelmirez. La novela, que también se ha publicado en lengua gallega, es el inicio de una trilogía que se completará este mismo año (Maestre Mateo será la figura central de la próxima entrega). Una obra monumental. Es el nuevo gran proyecto de Narla, que nos hace compararlo con renombradas novelas sobre la construcción de templos góticos, y que se afana en lo terrenal, pero también en el sentimiento mágico, no en vano Narla es un buen admirador de esa obra fundamental, ‘El misterio de las catedrales’, de Fulcanelli.

Aquí, en ‘Ultreia’, asistimos a la Compostela de 1117, la ciudad que arde, que se revuelca en la violencia y la miseria (Ilduara, hija de un platero arruinado, es la protagonista querida, la huérfana pájaro). Mientras Gelmírez se alza como Señor de Santiago, manipula y dirige con cierta soberbia, y, al parecer, con pocos escrúpulos. El poder religioso logra que Compostela sea arzobispado de forma casi accidental. También el voto de Santiago, un tributo obligatorio que implicaba, de alguna forma, agradecimiento eterno al apóstol, cuyos papeles definitivos no se acaban de encontrar, aunque hay un falso privilegio, y que llevó a grandes juicios en la época, me dice Narla. Gelmírez, inagotable e insaciable, también se inventa que el Códice Calixtino fue sancionado por el papa… «Hay un mundo de mentiras que, para un novelista como yo, siempre es muy atractivo. Porque nosotros, los escritores, vivimos también de la mentira. Ahora, hay mucha cercanía a la historia real, hasta donde podemos llegar, en esta novela, aunque Gelmírez, puedo aceptarlo, tal vez esté exagerado. No obstante, sus acciones, tan polémicas, son hoy indiscutibles», explica. 

Gelmírez bracea en busca de aumentar su poder y de poner a Compostela en el mapa. Esto lo consigue, no sin verse envuelto en tantas polémicas que hasta tuvo que huir disfrazado de fraile en 1117, para no ser linchado, en medio de una ciudad levantada en armas. Tiempos difíciles. Gelmírez está en el origen de esta Compostela universal, la cuestión que todavía cabe preguntarse es a qué precio. La construcción de la catedral avanza, en ‘Ultreia’ asistimos a un laberinto de andamios y poleas, a derrumbes sobre los que Gelmírez camina, sacudiéndose el polvo de la casulla, asegurando sin empacho que, en tragedias así, Dios sabrá separar el trigo de la cizaña.

No hay compasión, hay ansias de poder. Un plan trazado para convertir a Santiago en un centro comparable a Roma. Mientras Urraca se ve sometida a las luchas eclesiásticas, representando el poder laico en un momento muy difícil para esta zona del mundo. Y siendo, además, la primera reina de Europa que justo estos días estamos reivindicando. Porque aquí comienza Europa, aquí comienza nuestra historia, me dice Francisco Narla. En el Camino está el origen de Europa, desde luego, y de la multiculturalidad que jamás deberíamos abandonar. “Europa se hizo peregrinando a Santiago”, dijo Goethe. En ‘Ultreia’ asistimos a ese inicio polvoriento. A la anatomía de ese instante en el que el mundo fue un viaje extraordinario que devino con el paso del tiempo en el más importante itinerario religioso y cultural. 

Gelmírez es, salvando todo lo salvable, el malo que necesitas en una historia. Es un personaje tenaz e implacable que queda retratado como villano, pero también como creador de un impulso extraordinario. Hábil para la política cercana y para los tratados con los estamentos eclesiásticos. Desde estos tejados de la catedral Compostelana se ve bien esta vieja historia, se atisba el Reino de León, y la reina Urraca. Narla ya les contará. 

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