José Luis Prada

Turismo ¿rural? (Publicado el 12 de abril de 1998)

04/01/2026
 Actualizado a 04/01/2026
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Siempre que hablo de turismo como fuente de generar ingresos para una comarca (la que sea) me enfrento indefectiblemente con la incomprensión o, mejor dicho, con el rechazo de la mayoría de la gente de esa comarca. Desde hace unos años está en la boca de todo el mundo lo que desde la Administración se dio en llamar «el turismo rural». Creo que la idea fue, y sigue siendo buena en su concepción, ya que con ese tipo de turismo se trataba de potenciar, ayudar, complementar con un ingreso extra en la economía de las familias que viven en los pueblos de la agricultura o de la ganadería. Con ello se conseguiría el que esas familias no abandonaran el pueblo y la gente joven sintiese el apego necesario para seguir trabajando con ilusión, manteniendo ese pueblo «entero», «digno», «vivo»… Esa, es en esencia (creo) la filosofía del tan manoseado y llevado ‘turismo rural». El problema surge porque esa ‘filosofía’ no llega clara, nítida y concisa a la familia que está «aguantando», «tirando» allí en el pueblo.

Se les vende el tema como una concesión de gracia del político más cercano, que cambiará radicalmente su status de vida; y sí, realmente lo cambia, ya que se olvida de seguir trabajando ese campo, se olvida de cuidar el ganado, se olvida de cuidar las cosas comunales del concejo, se olvida, en fin, de seguir siendo vecino orgulloso de su pueblo, para convertirse en un vulgar aprendiz de hostelero.

La gente que vive en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Vigo, Gijón, etc., nada más que tiene un día libre o un puente, o una fiesta o unas vacaciones, necesita irremediablemente el salir de su vida cotidiana, quiere evadirse, busca la diferencia, busca el campo con ahínco, busca el pueblo con fruición, busca, en fin, el reencontrarse con aquella vida sana y natural que perdió en su condición de urbanista, pero que en su interior, en estado latente, salta irremediablemente al menor ‘chispazo’; de ahí el que ante la publicidad de «la casa rural» se líe la manta a la cabeza y se vaya al pueblo en busca de «su paraíso perdido». Cuando este ciudadano llega ilusionado al pueblo elegido ve muy poco de aquel ideal que se había construido en su mente, ve, eso sí, los prados abandonados, ve el monte quemado, ve las calles del pueblo sucias, ve las casas de siempre o derruidas o arregladas sin mantener la identidad con que fueron concebidas, ve casas nuevas mezcladas dentro del centro del pueblo, hechas con un pésimo gusto (la mayoría de las veces falsas copias de otras de países lejanos: Suiza, Alemania, Francia…, que se hicieron para mayor gloria del emigrante que quería dejar impresionados a los de su pueblo con aquella casa grande, rara, atípica y diferente… ) ¿?… Cuando el señor que llega de la ciudad ve todo esto NO le gusta, pero… aún mantiene viva su ilusión, ya que estuvo todo el año pensando en esta salida, y no va a ser tan exigente que no perdone este pequeño fallo ¿? Después de preguntar a varias personas encuentra «su casa rural», en donde ya, por fin, se olvidará de todo y disfrutará de lo natural, de lo artesano, de lo ancestral de las labores cotidianas del campo, en fin, disfrutará como un «descosido» de todo aquello que tenía en su imaginación y que de algún modo le habían vendido, ya sea por publicidad en la prensa, o en la radio, o en televisión, o a través de bonitos y muy bien presentados folletos… La casa por fuera ¿? Bueno… no está mal… la verdad es que no es todo lo bonita y cuidada que esperaba, pero…, al fin y al cabo, está «arreglada», y eso es lo que importa. Cuando traspasa el umbral de la puerta de entrada, allí el «encanto» no aparece por casi ningún lado, el portal está «limpísimo», forrado de azulejo hasta el techo, las escaleras son de mármol o de gres, o de madera nueva, resplandeciente, el posa manos también está muy bien, brilla, es de acero inoxidable. El pasillo tiene cuadros colgados con temas modernistas, abstractos, los marcos de PVC, las paredes pintadas, inmaculadamente bien, brillan, están limpias ¡no cabe duda! La ventana del fondo del pasillo también está bien, el marco y la propia ventana son de aluminio, ¡claro, es que la madera hay que pintarla todos los años!, es mejor que sea de aluminio, dura más y siempre está bien ¿?… La habitación… la verdad es que está limpia, aséptica, tiene calefacción, no hace frío, pero… es una habitación «fría», le falta intimidad, le falta humanidad, le falta eso… calor humano… Una vez instalado, ya el ciudadano resignado, pregunta que qué puede hacer, si puede ver el establo, si puede ayudar en algo, si puede ver las gallinas, o los conejos, en fin… quiere hacer algo que distraiga y que le haga olvidarse de su ciudad, ya que la casa en general y la habitación en particular no le dicen nada, antes más bien, le hacen recordar a cada instante su casa de la ciudad o si es viajero, su hotel de Madrid, o de París o de Hong Kong… ¿Hacer?, no, nada, no tenemos ganado, es muy costoso mantenerlo, además, da mal olor. ¿La huerta? Sí, la tenemos ahí, pero no se trabaja. Es mejor que se dé usted una vuelta por ahí… o si quiere ve la televisión en la ‘salita’, si, dan un programa hoy muy bueno… Mientras tanto toma el desayuno. De acuerdo, desayunaremos… La mesa de formica o de madera lacada está repleta de estuchitos pequeños de plástico con mantequilla, mermeladas, miel; hay también… bollería… donuts, mantecadas, bollicaos, ensaimadas… Todo ello muy primorosamente envuelto en papel de plástico, también hay leche ¿casera?… sí, sí, es casera, aquí todo es casero… allá al fondo, en el corral, se ven desperdigados un montón de estuches de tetrabik «casero»… En fin ¡todo un primor de artesanía, de natural y de pueblo!

No sigo… ciertamente también hay excepciones muy honradas y dignas, que estos me perdonen, pero más del 70 % de la oferta rural es como digo… ¿Qué va a pasar?, es bien fácil: la gente seguirá viniendo de momento porque España es muy grande y la ‘ignorancia’ es aún más , pero al final la gente es ‘ignorante’ hasta que se cansa… y entonces ese ciudadano ‘ignorante’ se para a pensar que para pagar igual le es mucho más cómodo hacer noche en el hotel, o en el hostal o en el parador, por lo menos allí paga, y sabe lo que paga y sabe las prestaciones que va a recibir, allí no hay engaños… entonces es cuando toda esa falsa oferta de ruralidad va a sufrir las consecuencias, entonces vendrán las vacas flacas, entonces es cuando ya no tendrán nada, no tendrán «su pueblo», no tendrán sus fincas, no tendrán su ganado, no tendrán…, por no tener no tendrán ya ni dignidad porque la fueron perdiendo día a día, vendiéndola barata en pos de la ganancia fácil, que como siempre dije conduce irremediablemente al deterioro de la calidad más importante: «la calidad y dignidad humanas».

Todo esto lo digo un día sí y otro también. Nadie me hace caso… Les molesta y por supuesto, les molesto, pensarán… ¡QUÉ SE CREERÁ ESE TIPO! ¡Valiente hijo puta el Prada ese!…., pero es así de claro y así se sencillo…

Punto.

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