El caso es que esta semana no ha habido demasiado donde rascar, apenas un par de análisis sesudos sobre fútbol y la Cultural para que no me abandone ese ‘target’, un par de gracietas sobre asuntos de actualidad... todo perfectamente borrable. Eso me ha llevado a recordar que son ya unas cuantas veces en las que se me ha pasado por la cabeza abandonar las redes sociales en general y Twitter en particular, donde el número de ‘trolles’ comienza a superar a los que simplementen circulan con sus movidas, unas más interesantes que otras, pero sin mayor interés que contarlas.
He recibido amplísimos análisis de mi ideología, personalidad, relaciones y hasta cuestiones vitales, cosas que ni siquiera yo sabía por parte de quien todo lo que ha visto realmente de mí es un simple ‘tuit’. Algo así como llegar a un bar en el que el clásico análisis de arriba a abajo con la mirada por parte de los parroquianos, capaces de escribir en su cabeza tu vida, obra y milagros en 5 segundos, se tradujese principalmente a bilis. Al menos en el bar se dan media vuelta y siguen a lo suyo. En Twitter, la tiran y si respondes la salida se complicará.
Así que con todo eso y mientras en los bares siga habiendo cerveza yo me voy a quedar con la opción de la barra, aunque de vez en cuando continuaré echándole un ojo a las redes sociales, no vaya a ser que alguno me acuse de beber Cruzcampo.
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