20/06/2026
 Actualizado a 20/06/2026
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Acabamos de finalizar el taller de creación literaria: ‘Contar lo real’ organizado por la Escuela Superior y Técnica de Ingenieros de Minas de la Universidad de León, impartido por la escritora y periodista leonesa Noemí Sabugal: sabia, maestra, musa. Entre los asistentes, personas de una sensibilidad exquisita que fueron también inspiradoras, al compartir sus historias de vida a partir de los ejercicios propuestos por Noemí. 

Una de las propuestas fue la de escribir un perfil: un texto sobre la vida y la obra de una persona. «Debéis hacer un gran trabajo de recopilación e información. Fíjate en el exterior e interior de esa persona, que su voz se escuche entre las palabras de quien narra. Y aunque sea desde tu mirada personal, añade voces de contraste, es decir, amigos, familiares e incluso enemigos que ayuden a iluminar de manera diversa la semblanza de la persona que tú elijas. Y mejor que sea alguien a quien conozcas, que admires, o que desees indagar sobre ella».

Yo elegí el de mi abuela, Epifania Sanz, la fundadora de Lejía Rebeca, que quedó algo orillada en los inicios del negocio cuando todas las mujeres ostentaban aún el título de «yo soy señora de tal». No hay nada personal contra el bueno de mi abuelo Victorino, pero justicia es dar a cada uno lo suyo.

Y si ahora pudiera escribir un libro de perfiles varios emulando, probablemente en vano, el estilo de ‘Plano Americano’ de Leila Guerriero, elegiría quizá el de Estrella Alfaro, a quien he conocido el pasado fin de semana gracias a una interesante iniciativa secundada por la Fundación Cerezales, que nos llevó al pueblo de Triollo en la montaña palentina junto a un grupo de amantes de la botánica con los que nos ‘embriscamos’ en la locura de ir a buscar a la cima del mundo una planta llamada Prímula Pedemontana, una misteriosa flor alpina que se dejó caer por la Península Ibérica venida desde los Alpes italianos, una rara avis a la que no pudimos avistar debido a que una osa acababa de parir a su camada y no debíamos alterar el curso de su maternidad. Sería hermoso trazar también un perfil de esa osa ocupada en cuidar a sus cachorros de las manos de los depredadores, y meterse en su piel, como la escritora Marta del Riego Anta hace en su novela Cordillera «en un silencio velludo y junto a ella los cachorros respiran en ese mismo silencio… un solo ser, una maraña de pelo y orejas y lomos dorados».

Uno de mis compañeros del taller de Creación Literaria cerró el ciclo de lectura de los perfiles con uno que nos sobrecogió. Bernardo, jurista, dudaba de que el ropaje jurídico con el que habitualmente viste sus trabajos le permitiera escribir de manera correcta sobre otros asuntos. 

Pero escucharle nos emocionó y arrancó una doble ovación. 

Es lo que sucede, cuando dejas que sea el corazón quien dicta las palabras para hablar de esa persona que protagonizaría ahora mismo tu perfil.

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