El vaivén del oro y los recursos críticos: precio, tensión y oportunidad

Javier Fernández Lozano
14/04/2026
 Actualizado a 14/04/2026

Imaginemos por un momento a un comerciante romano cruzando el noroeste de Hispania con un pequeño saquito de oro extraído de Las Médulas. Para Roma, este metal significaba algo más que riqueza: era certeza, prestigio y poder. Dos mil años después, el gesto no ha cambiado mucho. Cuando el mundo se vuelve incierto, seguimos aferrándonos al preciado metal. Pero hoy, junto a esa vieja seguridad, han aparecido otros recursos menos brillantes y conocidos para la mayoría del público, como el cobalto o las tierras raras. No alimentan el ego de los gobiernos, pero sostienen nuestra tecnología y resultan esenciales para la transición energética.

De ahí que sus precios fluctúen con fuerza. No son simples materias primas, sino los termómetros de la época. Hoy, el oro mide la temperatura de la incertidumbre y la inflación, mientras que los recursos críticos reflejan la fiebre tecnológica y energética del siglo XXI.

El oro, que en nuestra provincia vuelve a los titulares por proyectos como el de la antigua mina de la Divina Providencia, en la localidad de Cármenes, está modificando su comportamiento tradicional en los mercados bajo la actual geopolítica. Durante décadas considerado un valor refugio por su estabilidad en los mercados frente a las divisas, se reafirma, empujado por las crisis modernas iniciadas en los años setenta y agudizadas en las últimas décadas por los conflictos en Rusia y Ucrania, la pandemia de Covid-19 y, más recientemente, los conflictos armados en Oriente Medio. Sin embargo, la situación está cambiando en el contexto geopolítico actual, lo que evidencia un comportamiento especulativo. 

En los últimos meses, muchos bancos centrales han reforzado sus reservas de oro como forma de diversificar riesgos y reducir su dependencia del dólar. Con la fuerte subida alcanzada –superando este año los 5.000 $/onza–, ha atraído a nuevos inversores, incluidos pequeños ahorradores, que buscan aprovechar el alza. Esa doble presión –demanda institucional y compras de corto plazo– está contribuyendo a una mayor volatilidad. El oro sigue siendo un refugio, pero ahora también se comporta como un activo sometido a movimientos especulativos, menos estable y más impredecible.

Algo similar sucede en Europa con los denominados recursos críticos, un conjunto de 34 materias primas básicas para la transición energética, la industria tecnológica y los sectores estratégicos como la defensa o el aeroespacial. El recientemente aprobado por el Gobierno ‘Plan de acción para la gestión sostenible de las materias primas minerales 2026-2030’, dotado con 414 millones de euros, refleja hasta qué punto recursos como el wolframio o las tierras raras –también presentes en nuestra provincia– se han convertido en piezas clave de la nueva geopolítica. 

La influencia de la política internacional, las estrategias de poder y las expectativas de los mercados están diluyendo la frontera entre los activos considerados seguros y los estratégicos, que no hacen más que reflejar la inestabilidad y la fragilidad del mundo en el que vivimos. La elevada concentración de la producción de algunos de estos ‘activos’ en unos pocos países, como China, que concentra el 87 % de la producción de tierras raras y el 80 % del wolframio mundial, junto con las constantes tensiones generadas por Estados Unidos –al hacerse con estos recursos en otros países– ha convertido el comportamiento de los mercados en un ‘bazar especulativo’. Un sírvase, quien pueda, que se salte toda cuestión ética, vulnerando cualquier derecho internacional y humano.

Permítanme volver al pasado para entender mejor el presente. Hace dos mil años, el oro estaba bajo control estatal y dejaba escaso margen para la especulación privada. Hoy, cotiza en mercados globales en los que intervienen los bancos centrales, los fondos de inversión y los inversores particulares. Recursos críticos como el wolframio, las tierras raras o el cobalto siguen la misma lógica. Hacerse con estos elementos clave implica controlar el poder, pero con un barniz adicional de especulación financiera. La economía global sigue funcionando, en el fondo, con lógicas imperiales de control de los recursos. 

Javier Fernández Lozano es Profesor Titular de la Escuela de Minas de la Universidad de León

Las Médulas (Javier Fernández Lozano)
Las Médulas (Javier Fernández Lozano)


 

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