Sobre fundaciones y sedes

Elena Blasco Martín
29/09/2026
 Actualizado a 29/09/2026

Es extraño que en esta tierra nuestra de agravios permanentes, de fina piel que se irrita ante la más mínima sospecha o el mayor acto consumado, haya pasado casi desapercibido uno de ellos que es, a mi parecer, más que un modelo de arrogancia. Me refiero a la decisión adoptada por el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León para domiciliar en Arroyo de la Encomienda (Valladolid) la sede de la Oficina Técnica de Soporte y Coordinación Turística que habrá de encargarse del impulso de una parte del denominado Programa Territorial de Fomento para Tierra de Campos 2024-2031. Demasiadas palabras quizá, demasiado laberinto verbal como para atender a una decisión aparentemente menor, que no es tal.

Sin entrar en mayores detalles acerca del Programa general, cuyo desarrollo se lleva a cabo en medio de controversias de distinto signo, ésta es una más, resulta cuando menos sorprendente que se sitúe en un municipio ajeno a Tierra de Campos la sede de una de sus oficinas, sobre todo si tenemos en cuenta que son 206 los municipios de las provincias de León, Zamora, Palencia y Valladolid que podían haber sido su destino. Las explicaciones al respecto ofrecidas por el portavoz de la Junta, Carlos Fernández Carriedo, son así mismo pintorescas. Dice que la elección de Arroyo se debe a que allí se asienta también la sede de la Fundación para el Anclaje Empresarial y la Formación para el Empleo en Castilla y León (Fafecyl), de quien depende el ente recién creado. ¡Pues qué bien! Y en ese mismo orden de encadenamientos justificativos, ¿se ha preguntado Carriedo por qué esa Fundación se aloja en el alfoz de Valladolid y así sucesivamente? ¿No estaría mejor ubicada en otro punto más estratégico y central, fomentando así el equilibrio territorial en esas cuatro provincias que forman ese Programa Territorial de Tierra de Campos?

El problema de las sedes administrativas en esta comunidad autónoma tan llena de desafectos es viejo y nunca se ha querido resolver con un mínimo de equidad territorial. Por eso, sin entrar en asuntos mayores y aprovechando el torcido razonamiento del portavoz de la Junta, cabe preguntarse por qué la fundación citada y otras más de carácter público no tienen su domicilio fuera de la sede local del propio gobierno. Son organismos autónomos que perfectamente podrían tener cierta autonomía de ubicación. Me refiero a Fafecyl, claro, pero también a la Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León, la Fundación del Patrimonio Natural de Castilla y León, la Fundación Universidades y Enseñanzas Superiores de Castilla y León (FUESCyL), la Fundación de Hemoterapia y Hemodonación de Castilla y León, la Fundación del Servicio Regional de Relaciones Laborales de Castilla y León, la Fundación de Apoyos y Acción Social de Castilla y León o la Fundación Valores de Castilla y León, todas ellas ubicadas en la ciudad de Valladolid. No hay razones de peso que expliquen ese mapa. Tampoco en muchos casos las hay para su existencia, todo hay que decirlo.

De vuelta al principio, conviene también resaltar que los enredos del portavoz de la Junta son de nota. Vino a añadir, para justificarse aún más, si así se puede decir, que «no se trata tanto de lugares físicos sino de un cambio de la percepción dentro del conjunto de España o a nivel internacional para aprovechar todos los recursos y que aumente el tirón en el ámbito del empleo en el territorio». No está mal como adivinanza, francamente, pero mejor nos iría llamando al pan pan y al vino vino, que son dos productos bien considerados en Tierra de Campos.

Elena Blasco Martín es Secretaria General de CCOO León
 

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