El pueblo en llamas

Omar Rodríguez Bulnes
29/10/2025
 Actualizado a 29/10/2025

En estos tiempos inciertos y convulsos en los que no son pocos los que se arrogan la capacidad para poner remedio a lo que según voces autorizadas ha sido el mayor desastre sufrido en la cordillera Cantábrica, uno se siente decepcionado al comprobar cómo los debates siguen girando en torno a mangueras, cubas y helicópteros, en definitiva, en poner la venda en lugar de prevenir la herida.

¿Por qué arden nuestros montes? Por el mismo motivo por el que es tan elevado el precio de las viviendas en la ciudad. Recortar servicios en los pequeños pueblos sale demasiado barato para quienes toman la decisión. No conlleva desgaste político enviar a Argimira al sintrom a cincuenta kilómetros aludiendo al coste que supondría desplazar a un médico sólo para ella. Pero esa decisión tiene repercusiones visibles si ponemos las luces largas; Argimira terminará dejando de sembrar su huerto, que servía como cortafuegos para el casco urbano. Su marido, Eleuterio, venderá los caballos que le servían de entretenimiento, que ya no comerán más los rastrojos de los que se alimentaron las llamas el pasado mes de agosto.

Cada consultorio médico con la persiana bajada, cada línea de transporte público cerrada, o cualesquiera otros servicios públicos de los que se ven privados los pueblos acarrean la consecuencia ineludible de la despoblación, y con ella, a la postre, de los incendios.

Decisiones de consecuencias transcendentales para quienes las sufren, pero anecdóticas para quienes las toman, generalmente desde mullidos sillones a cientos de kilómetros.

Al final fueron los de siempre, los pocos que quedan, aquellos a los que les fue arrebatada la tierra y cualquier decisión sobre ella, los que arrimaron el hombro para extinguir las llamas que las decisiones de otros provocaron indirectamente.

Por lo demás, unos tímidos y efímeros pataleos, unos corazones rotos en redes sociales, y los responsables encendiendo la llama... para prender un puro con el que saborear su invulnerabilidad política.

No vaya a ser que nada cambie.

Omar Rodríguez Bules es el alcade de Maraña
 

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