El expresidente de la Generalidad, Artur Mas, embarcado ahora en refundar su maltrecho y encausado, pero aún potente, partido, daba lecciones como esta en marzo: «Hay una mayoría de izquierdas que no es operativa». El adalid del separatismo y del uso de medios con capacidad de penetración ideológica y de recursos públicos para inocularla en la ciudadanía catalana, para indicar qué han de bailar otros toca de continuo la gaita con venenosa saliva. Por otra parte, Iglesias Turrión, en cuyo morrazo electoral no ha colaborado poco su petulancia, hurga en las apetencias, en las despiertas, no en las adormecidas, del PSOE, a ver si caldea un avispero, y, en todo caso, no queda con esa depauperada imagen, que de no surgir un revulsivo, acompaña inmisericorde a los que desde las altas pretensiones han de descender a las desconsoladas renuncias.
En mi dilatado quehacer en favor de los astorganos, tuve la oportunidad de conversar con cualificados gobernantes socialistas y populares, y de manifestar mi humilde opinión, acerca de la deriva que estaban alimentando en algunos territorios, por la falta de entendimiento en cuestiones y momentos fundamentales , es decir, de anteponer ambos partidos sus intereses coyunturales al beneficio de la Nación; no solo, pero fundamentalmente, por este primitivo enfrentamiento y por el desentendimiento de sus consecuencias se han despertado o agudizado los fundamentos de la cohesión nacional. La Nación española no es una entelequia momentánea sino la vida compartida, los problemas, las necesidades, de sus ciudadanos, con el imperio de la ley por ellos convenida y con la necesaria igualdad en las prestaciones públicas y en su desenvolvimiento en el territorio patrio. Analizar ahora los errores cometidos, el Tripartito catalán y su estrambote en el Gobierno como uno de los fundamentales, los actuales ‘tacticismos’ en una o en otra región y municipios, resulta tarea desmesurada e imposible, pero no su conclusión: una España con unos problemas de unión territorial, sabrosa ubre de votos para quienes los atizan, y de una farragosa, conflictiva y ante todo costosa gestión pública. En suma, necesitada de regeneración.
Decía antes "primitivo enfrentamiento". Sufrimos una dictadura, pero no avala ya algunas de sus secuelas en la gobernanza constitucional, después de 38 años. Justificaciones podemos encontrar para continuar con la dicotomía entre indios y vaqueros. Pero el PSOE no debe seguir esa senda, que no conduce, ya bien se ve, a ninguna parte (85 diputados, de 350); de ambigüedades separatistas o propuestas indefinidas, aún menos (ahí está el PSC, con siete paupérrimos diputados en Cataluña). Agravios, se pueden proclamar a raudales, uno incisivo, y con resultado rentable, el trato dispensado por Rajoy a Zapatero cuando la crisis abría la boca con total voracidad; corrupción, también, a espuertas, pero cada vez más aireada, y con la perspectiva de ser juzgada y condenada en los próximos años.
Ocupación de las instituciones, como finca propia, qué decir: su carácter viciado es lo que representan las ‘anomalías’ de los ERE andaluces; hasta en pequeños municipios (desde ambos mares), se han suplantado a funcionarios de carrera, con el gasto que conlleva, por cargos ad hoc que elaboren informes torticeros en los más complejos expedientes. Con frecuencia uno piensa en quien carece de trabajo o labora cada día en una fábrica por un pequeño sueldo, en la confianza que depositan en quienes votan, y el fraude que supone, por parte de algunos, su gasto superfluo, su ambición meritoria, por el cargo que ostentan, para labrarse un descansado futuro.
España está necesitada de regeneración, en muchos ámbitos. No llegará de los que ahora defienden constituir un gobierno de progreso con el secretario general socialista: se entiende con el voto favorable del magma de Iglesias Turrión, más los votos de los dos grupos separatistas catalanes, y algunas abstenciones, o bien algo similar; se ve que los teléfonos no dan abasto para tramar cómo ir soltando frases en este sentido por los interesados para que las recoja la prensa.
Ahora me entero yo que es progreso, igualdad y solidaridad, la campañita que cada dos por tres desata la valenciana Oltra, para que sea saldada (dice) la deuda histórica que el Estado tiene con esa región; por no mencionar algunas coaliciones, de mareo, en Galicia, en la misma tónica, y, ya la repanocha, no solo el huevo, sino el fuero, la altivez de los adalides de una Cataluña estatal (con traspaso de tribunales, para solaz de los convergentes encausados, en la administración ¡que vaya si ha sido una finca!). Se ve que todos estos gozan del mágico don de manejar la llave para abrir las arcas españolas que albergan el tesoro, en la cueva de Alí Babá. Sea con responsabilidad de gobierno de coalición, o en la oposición, lo que ahora corresponde al PSOE es pactar con el partido que ha ganado las elecciones las reformas pendientes en la Nación, encarar la situación difícil que atraviesa, por su deuda, por la superpoblada administración, por los envites separatistas, con unas reformas y tiempos tasados; un paso positivo, y que algo o mucho tendrá de aprovechable, ha sido el programa pactado entre PSOE y C’s. Nada agrada más a quienes su propósito fundamental es minar la unidad de la Nación, que ver a los dos grandes partidos enzarzados en el discurso de siempre, en las espinitas y tópicos cansinos de siempre: esta debilidad, ya crónica, fue y viene siendo su fortaleza.
No es hora de satisfacer en el PSOE apetencias personales, máxime con tan exiguo respaldo popular, sino de aprovechar la ocasión para impulsar una España moderna en la gestión política, austera en el gasto público, igualitaria para todos los ciudadanos; en fin, hacer valer, en lo razonable y posible, los principios que sustentan a un partido con una historia fecunda y solidaria.
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