Domingo 16 de febrero. La mañana es algo menos fresca de lo que el invierno leonés parecería augurar. Camino a buen paso, pero sin prisa, hacia la plaza de San Marcos desde la que saldrá la manifestación convocada por decenas de organizaciones de todo tipo, desde sindicatos a partidos políticos, asociaciones de padres o agrupaciones supramunicipales, colectivos estudiantiles y organizaciones empresariales.
Desde todas las calles que alcanzo a ver se acercan personas, parejas, grupos más o menos numerosos que, en silencio, van ocupando la explanada frente al Hostal de San Marcos. Solo el inesperado claxon de algún tractor, que también participarán en la manifestación, rompe el sopor de la mañana.
A las doce del mediodía, tras una breve y ruidosa traca de petardos, se inicia la marcha.
No somos los leoneses muy dados a extravagancias. Inician los primeros participantes la marcha y no se escuchan gritos desaforados o pitidos. Abundan más las caras de cansancio, la desgana, la apatía y el desengaño.
Saben los participantes, al menos la mayoría, que la provincia de León ha entrado en un espiral decadente que está arrastrando a gran parte de los sectores productivos al cierre o a la deslocalización, convirtiendo nuestra tierra en un desierto económico que obliga al éxodo de jóvenes y mayores en busca de un futuro mejor. La minería, la agricultura y la ganadería se convierten en sectores en extinción. Las grandes actividades relacionadas con la generación energética, la transformación de materias primas cierran. Las empresas relacionadas con los servicios de transporte o comunicaciones han dejado de contar con León como nudo fundamental del noroeste de la península.
Por si esto no fuera suficiente, la provincia sufre el estrangulamiento de una comunidad autónoma que ha creado un centralismo vallisoletano, que ha convertido a las provincias de Zamora, Salamanca y León en páramos en donde captar tasas e impuestos pero en las que no conviene desarrollar ninguna actividad productiva.
En la plaza de San Marcelo, escoltados por el Palacio de los Guzmanes y el Edificio de Botines, los representantes sindicales intentan apropiarse del éxito de participación. Rápidamente fueron abucheados e increpados por los ciudadanos. Éstos, los secretarios generales de los sindicatos más importantes, con sus mensajes contra el capital y la defensa de no sé qué derechos de los trabajadores, con sus retahílas interminables de compañeras y compañeros, eran los que no sabían a qué venían a León.
Los leoneses dejaron patente que son un pueblo orgulloso. Consciente de que está siendo tratado injustamente por las autoridades nacionales y autonómicas. Harto de desplantes y promesas incumplidas. Una región que merece respeto y que luchará contra el abandono institucional, que reivindica el derecho a formar una comunidad autónoma propia, o al menos, a contar con el respeto de sus vecinos.
Había en la manifestación muchas pancartas, muchos mensajes y multitud de peticiones distintas. Pero una era común a la mayor parte de los asistentes. León no quiere pertenecer a una comunidad autónoma que se aprovecha de sus recursos y es vilipendiada y estrangulada al mismo tiempo. León necesita dirigentes valientes que sepan marcar un nuevo rumbo para revertir la actual trayectoria que lleva a la provincia, junto a otras cercanas, al abandono y a la quiebra social.
León quiere ser protagonista de su historia como siempre lo ha sido. Solo queremos que nos dejen y no nos pongan trabas en el camino.
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