¿Para cuándo la hora del relojero Losada?

Juan José Alonso Perandones
28/08/2016
 Actualizado a 06/09/2019
Es, sin duda, el relojero José Rodríguez Losada una de las figuras que ennoblecen cualquier pueblo, provincia o nación. Así lo han entendido en el pueblo cabreirés de su nacimiento, Iruela, asimismo el Ayuntamiento leonés, con la designación de una calle; pero no debidamente las instituciones más beneficiadas por su generosidad para con el pueblo de Madrid, con la donación del reloj de la Puerta del Sol. El gobierno autónomo madrileño, en las Navidades de 2104 colocó, dos días antes de las «campanadas de las uvas», como homenaje a Losada (y de paso, anunciaba, a otros relojeros), una diminuta placa en el ámbito de la escalera de acceso a la torre del edificio de Gobernación (donde se halla el reloj), vedada al público. Fue más un acto encaminado a la imagen personal del presidente de esa institución que un homenaje al ilustre hijo de Iruela; la improvisación y la transmisión de una raquítica información, despachada sin más por los medios informativos, la nula presencia de madrileños en el descubrimiento de la placa, fueron la tónica de un pretendido reconocimiento a un español ejemplar, un patriota más de los que hubieron de exiliarse por las ‘purificaciones’ del rey Felón. Su taller-relojería en Regent Street, 105, de Londres, fue un lugar de refugio para otros represaliados españoles e hispanoamericanos.

Sin el ringorrango llevado a cabo con la colocación de la placa, pero con mayor eficacia, la propia comunidad autónoma madrileña en 1990 publicó el estudio del cronista astorgano, Luis Alonso Luengo, El reloj de la Puerta del Sol; en esta cuidada y meritoria publicación se recoge la versión de la Historia de Astorga (1909), de Matías Rodríguez, los datos de Losada hasta entonces conocidos (incluidos aquellos de los primeros años, que no constan con documento escrito y que parecen responder a la leyenda), y la amistad establecida con Zorrilla, autor que lo honró en su obra poética. Estudios posteriores, como el esencial de Roberto Moreno (Fundación Juanelo Turriano), e investigaciones actuales, deberían completar los datos sobre su biografía y fabricación relojera y de cronómetros marinos.

Estamos recordando a uno de los más importantes relojeros de la historia contemporánea, para España y Gran Bretaña, nación esta que, a partir del fallecimiento de Losada (1870), vio cómo Suiza le quitaba la primacía en el arte de la horología.

El pueblo natal de Losada ha sufrido como tantos otros de comarcas astorganas, una ‘brutal’ despoblación. Conserva aún numerosas casas (bastantes en ruina) con la tipología descrita por Ramón Carnicer en 1960, bellas, sí, porque son fruto de los materiales de la propia tierra y de un modo de vida, pero que justifican sobradamente el que identificara, en su libro de escrutador caminante, a la Cabrera con las Hurdes extremeñas. Doña Concha Casado, esa andarina Teresa de Cabrera, puso todo su conocimiento y empeño por dignificar y salvaguardar el patrimonio de esta olvidada tierra, y no fue una semilla caída en baldío. Cinco vecinos son, actualmente, sus habitantes, ya todos entrados en edad. Muchos de los que emigraron, o sus descendientes, han restaurado las antiguas casas, construido otras nuevas, por eso en verano es un pueblo en el que bulle la vida.

El presidente de la Junta Vecinal, Chencho García, en colaboración con el Ayuntamiento al que pertenece Iruela, Truchas, ha llevado a cabo una labor denodada por conservar la memoria del pueblo: con la restauración de la fragua, de las fuentes, de las escuelas; los propios vecinos, con sus aportaciones, rehabilitaron la iglesia, en donde se encuentra el retablo donado por Losada, en su viaje a sus orígenes de 1860 (de cuyo relato no contamos con datos fehacientes, sí, constatada, su llegada a Astorga, donde probablemente hace esta y otras donaciones para ornamentos al pueblo).
Les preocupa a todos ellos la memoria pasada, y también el futuro, pues ahora están empeñados en evitar el deterioro del paisaje más próximo al pueblo, con su oposición a la apertura de una nueva cantera de pizarra en sus proximidades, en la bella loma de la Peña de Llampazas.

El próximo 19 de noviembre se cumple el 150 aniversario de la pomposa inauguración por la reina Isabel II del reloj de la Puerta del Sol, donado por Losada a la ciudad de Madrid.

Ante esta efeméride, hijos del pueblo, como Isabel García Rodera, su hija Beatriz, y otros, han conseguido montar una exposición, que pretenden tenga carácter permanente, en el propio Iruela, sobre la vida y obra de tan ilustre vecino; acompañada de conferencias y nuevos estudios.

Es vivo deseo de los irolanos que el Ayuntamiento de Madrid conceda una calle, en año tan significativo, para el relojero Losada; no es un propósito que ha de resultar ajeno para leoneses con crédito en la villa y corte, aún menos para otras entidades e instituciones provinciales, como la propia Diputación, garante de los desvelos de los pequeños pueblos.

Resulta incomprensible que aún hoy en día no haya llegado la hora para el donante de uno de los símbolos más importantes de la capital de la Nación; que no exista un rótulo con su nombre, para que los madrileños, en su deambular por las calles donde suenan las campanadas del tiempo, al alzar la vista, lean e indaguen sobre su propia historia.
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