En ese pequeño pueblo de la montaña oriental leonesa, allá en el valle de Sabero, tocan otra vez a muerto. Olleros se muere una vez más, lo habrán leído u oído ustedes. Olleros, que tantas veces ha muerto, recibe otra puntilla. No bastaban el olvido, la despoblación ni la falta de trabajo, no. En estos tiempos de miseria, hay que ir a la raíz misma de lo que está vivo. A los viejos se les deja morir y ya, aunque tarden. Pero, ¿qué hacemos con estos empecinados que se quedan y se quedan contra viento y marea? Aunque les quiten el médico, el cartero, la farmacia, el transporte y el pan y la sal… ¿Qué hacemos con ellos que, además, se empeñan con tozudez en traer retoños al mundo? Pues la estrategia está clara. Quitarles la única figura que aun les procura una mínima dignidad: el maestro. ¿Y cómo? Pues con esas fórmulas de laboratorio neoliberal: a cuentagotas. Este año os dejo tres cuartos de maestro para cuatro niveles de primaria; el año que viene os lo dejo en medio para todos y lo compartís con otros tres pueblos. Y así hasta que el pobre maestro o maestra sean ya una raspa de maestro que llega en un coche desvencijado, después de hacer doscientos kilómetros, y os salude por la ventanilla sin bajarse y haciendo esfuerzos para sonreíros en vez de llorar. Vuestro maestro acabará siendo un esqueleto desmembrado de lo que debería ser la más alta dignidad: ser maestro –y esto no es broma, se juegan la vida cada día y más en el crudo invierno, para rellenar los cuartos y mitades de nada que el estado espolvorea en las zonas rurales–.
Pero esto está siendo generalizado y el caso de Olleros es sólo un ejemplo más de la inmundicia en la que vamos sobreviviendo. Lo que ocurre es que ellos han dicho ¡basta! Y eso les confiere una verdad que a otros les falta. Nos quitaréis todo menos la dignidad, parecen decir con su actitud. Y es que alguien debería hacer entender a los encorbatados de la Junta que hay un momento en que, si lo único que nos ofrecéis son cuerdas para ahorcarnos, al menos vamos a elegir cómo hacer el nudo.
No con nuestros hijos. Prefieren que no asistan a recibir esa educación indigna e impropia de tal nombre y se entiende, se apoya y se admira la actitud. Los trajeados no van a ceder, porque eso podría ser un mal ejemplo para cientos de pueblos que están en la misma situación o peor. A ver si espabilan algunos por ahí. La buena consecuencia de todo esto es que, ahora mismo, los padres del CRA de Olleros están siendo verdaderos maestros de sus hijos. Ese puñado de muchachos están aprendiendo, de primera mano, una lección que no van a olvidar jamás. Nadie va a luchar por lo vuestro, os pueden quitar todo menos la dignidad de ser lo que sois y de ser de donde sois, con todos los derechos. La injusticia, por sensatez de vuestros padres y madres, se puede convertir en vuestro maestro. Se han empeñado en que no os pisen como a cucarachas.
De mis abuelos Piedad y Eloy, los veo ahora leyendo el correo tras el mostrador de la cantina, aprendí a estar orgulloso de ser de allí. Y que aquél era su lugar en el mundo y que su nombre era como una madre. Llevo el olor del hayedo dentro y, en los tímpanos, el soniquete de todos los nombres de sus vecinos. Estos días me he sentido orgulloso de tener allí mis raíces. Gracias.
Lo más leído