Hoy el director de este periódico me ha permitido saldar una deuda que tenía con mi padre hace mucho tiempo y que no ha sido hasta ahora, con motivo de su 80 cumpleaños, cuando me he lanzado a saldarla sin que él sepa nada.
Como las cosas se deben decir cuando la gente se encuentra en el mundo de los ‘vivos’ –que mi padre de joven lo era y mucho– pues aquí va mi felicitación a la persona que me ha servido de ejemplo a lo largo de mi vida.
Desde su nacimiento en Madrid, donde las malas lenguas dicen que de muy joven bailaba ‘El Tani’ subido a una mesa, hasta el día de hoy, han transcurrido 80 años, que se dice pronto. Su juventud giró entorno la la estación de Matallana, que fue su patio de juegos; a la Perla Vasca que era el bar que mis abuelos regentaban en la calle Renueva y donde se cocieron muchas de las historias que les cuenta en su columna; y al Forecu, donde desarrolló muchas de sus inquietudes culturales y deportivas que le han acompañado a lo largo de los años, eso sí, arraigaron más las primeras que las segundas.
El servicio militar lo hizo en el Ejército del Aire, pero esta etapa merecería probablemente una novela, por lo que no voy a destripar alguna de sus futuras columnas.
Pero su vida tomó una nueva dimensión cuando se cruzó en su camino mi madre, porque quien le conozca sabe que Maxi y Mila eran un todo, independientes y complementarios al mismo tiempo, de tal forma que ninguno habría sido lo que fue sin el otro.
Su faceta laboral estuvo ligada a la Vidriera Leonesa, donde se adelantó a su tiempo, porque como jefe de personal, fue capaz de anteponer siempre lo ‘humano’ a lo empresarial, lo que me ha servido como ejemplo porque parece que los recursos humanos deben ser hereditarios.
Si bien en los últimos años se ha decantado por la prensa, siempre ha sido un hombre muy de radio –lo que debió de heredar también su sobrino– siendo tertuliano, que no todólogo, de la mano de Puri, o viendo pasar las horas en ‘El reloj’ que presentaba junto a su amigo Barajas.
La música ha estado presente en su vida desde su más tierna infancia, donde la armónica le permitió junto a su hermano Luis pisar ilustres escenarios locales, hasta la actualidad, donde es un habitual en los mentideros musicales, lo que le ha permitido forjar buenas amistades con tenores y sopranos nacionales e internacionales.
La política siempre le gustó porque venía de una época donde se podía hacer más bien poca, lo que le impulsó a participar de manera activa en un pacto ‘cívico’ que quedó para la historia y que le permitió hacer amigos de verdad –cosa que ahora se estila poco–. En los últimos años, le presta más ver los toros desde la barrera haciendo porras electorales y dando su opinión en este medio.
Maximino siempre ha sido un alma inquieta, lo que le ha llevado a atesorar multitud de amigos de lo más variopintos a lo largo de su vida, aunque ahora ya vayan faltando algunos.
Si siempre he estado orgulloso de mi padre, en los últimos años lo he estado aún más, porque si bien la ausencia repentina de mi madre le desgarró el alma, porque se querían desde las entrañas, como se quería la gente de antes, de una manera que en los tiempos que corren es difícil de concebir, ha sido capaz de seguir adelante –eso sí, sin olvidar a Mila ni un solo instante– superando con creces mis expectativas.
En su faceta de abuelo, sólo vive por y para mis dos hijos, aunque les confieso que, en ocasiones, mi mujer y yo le «mataríamos entre terribles sufrimientos» porque en esa terna, la adulta responsable es mi hija mayor que tiene la friolera de 8 años.
Así que muchas felicidades PAPA porque has sido un magnífico padre, un marido con mayúsculas, un profesional intachable, un amigo de tus amigos y, sobre todo, una muy buena persona, y como dicen mis hijos, que sepas que «te quiero lo que más del mundo mundial internacional».