Dice nuestra Constitución que a los ciudadanos españoles se les otorga el derecho a reunirse públicamente y manifestarse, como tal, este pasado domingo fueron más de 45.000 las personas concentradas frente a una plaza de toros al grito de ¡Libertad!
Libertad para quien admira una fiesta amparada por una legalidad que no solo la permite, sino que la protege y fomenta. Libertad para quien disfruta del arte, cultura y tradición, de la síntesis de cuanto ha marcado nuestra historia y lenguaje, en resumen, Libertad para la más bella representación de nuestro país. He aquí el principal problema que vislumbra, en estos tiempos que corren todo parece tener que ampararse en unos determinados estándares políticos enfrentados, la izquierda contra la derecha, la derecha contra la izquierda. Nadie imaginaría desechar el Guernica de Picasso o La Colmena de Cela, si bien éstas sí evidencian una determinada postura. Dejemos entonces la que siempre fue la fiesta del pueblo, aquella capaz de reunir a todos frente al más maravilloso de los espectáculos, aquel en el que la plasticidad de pases y suertes se baraja con el valor de un hombre y la belleza de un animal, sin en ningún momento hacer apología alguna de un sentimiento partidista.
Este domingo han sido más de 45.000 las personas, no solo de nuestro país, las que han escuchado la voz rota de un acertado Enrique Ponce, clamando éste por nuestros derechos, rogando un respeto más que merecido ante las acometidas, violentas en demasiadas ocasiones, de quien no es capaz de abrir su mente y dar el beneficio de la duda a una fiesta que reúne a más de 6 millones de espectadores cada año en las plazas de nuestro país, que da alimento a innumerables familias que viven por y para el toro y en sus aledaños y que aporta tanto a nuestra economía, sin pedir nada a cambio, más que un merecido respeto.
Por todo lo mencionado e innumerables justificaciones más, esta no fue la primera vez, ni seguro será la última, en la que todos los que orgullosos de nuestro mayor capital, nuestra evolucionada herencia, salimos unidos a la calle a defender lo que por ley es defendible, a demandar nuestro protegido patrimonio y a gritar juntos cuantas veces haga falta ¡Por nuestra libertad, Sí a los Toros!
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