Algo se mueve en León. En realidad, lleva mucho tiempo moviéndose, aunque algunos hayan preferido no verlo y otros hayan confiado en que el paso de los años acabaría apagándolo. Pero el leonesismo no solo no ha desaparecido, sino que sigue ahí y a juzgar por algunos acontecimientos recientes, con bastante más fuerza de la que algunos quisieran reconocer. Uno de los últimos ejemplos lo hemos conocido estos días. El Ayuntamiento de Gradefes, donde UPL no cuenta con ningún concejal, aprobó por unanimidad una moción a favor de la autonomía leonesa, apoyada por los tres concejales del PSOE, los dos del PP y el alcalde independiente, lo que evidencia que en esos dos partidos también militan leonesistas. Y no es la primera vez que representantes municipales de PSOE y PP respaldan una reivindicación que sus respectivas direcciones se empeñan después en presentar como extravagante, minoritaria o innecesaria. Quizá deberían preguntarse por qué ocurre así antes de volver a descalificar a quienes defendemos exactamente lo mismo que votan sus propios concejales cuando la cuestión se plantea en nuestros pueblos. Harían bien ambos partidos en escuchar algo más a sus votantes y en guardar cierta prudencia política, pues no tardando mucho volveremos a tener nuevos inquilinos en nuestros ayuntamientos y diputaciones y puede ocurrir que, después de contar los votos, algunos descubran que para gobernar necesitan sentarse con aquellos cuyas reivindicaciones consideraban superadas.
Pero, sobre todo, PP y PSOE siguen debiendo una respuesta: después de más de cuarenta años de autonomía, nadie ha explicado convincentemente por qué León, Zamora y Salamanca deben compartir obligatoriamente una comunidad autónoma con seis provincias castellanas después de haberse desgajado otras. Por qué debemos seguir compartiendo la misma comunidad autónoma, a la que la mayoría de los leoneses no quiere pertenecer. Y quizá haya una curiosa coincidencia histórica en que esta última noticia nos llegue precisamente desde Gradefes, municipio en el que se levanta San Miguel de Escalada, una de las grandes joyas del patrimonio leonés. Allí, hace más de mil cien años, una comunidad de monjes llegada desde Córdoba levantó un monasterio que se convirtió en un faro de fe y cultura. Más de dos siglos después, otros muros leoneses alumbrarían algo diferente: en San Isidoro de León, en 1188, bajo el reinado de Alfonso IX, se celebraron aquellas Cortes cuyos Decreta son reconocidos como el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo. San Miguel de Escalada y San Isidoro. Dos luces surgidas entre piedras leonesas, una vinculada a la fe y la cultura; la otra, a la participación del pueblo en las decisiones políticas.
Y precisamente a San Isidoro se desplazaron recientemente la Mesa y la Junta de Portavoces de las Cortes autonómicas para homenajear aquellas Cortes de 1188. Partiendo de la base de que es de agradecer todo homenaje de cualquier parlamento democrático a aquellas cortes nuestras, por lo que tiene de reconocimiento de lo que han supuesto, no está de más recordar que esas primeras cortes democráticas fueron cortes exclusivamente leonesas, relativas y destinadas al reino de León, compuestas por representantes venidos de todo el reino de León; no fueron cortes castellanas ni referidas al reino de Castilla que, en aquel momento, estaba regido y dirigido por el primo de Alfonso IX de León, con quien mantuvo numerosos conflictos y batallas. Sobra decir que tampoco fueron cortes de Castilla y León. Pero llama la atención que quieran agasajarnos con tanto ruido, pero con tan pocas nueces en forma de inversiones; muestra clara de que quieren acallar la reivindicación leonesa. Cosa que no van a conseguir. De ahí la paradoja de que las instituciones de la actual comunidad autónoma acudan a San Isidoro para reivindicar el legado institucional del Reino de León mientras niegan la posibilidad de que ese mismo León vuelva a disponer de instituciones propias. Sean bienvenidos los homenajes, pero León necesita bastante más que homenajes, necesita capacidad para decidir sobre su futuro.
Quizá porque el problema de fondo tampoco ha desaparecido. Durante muchos años se ha intentado reducir el leonesismo a la historia, la identidad o el sentimiento, como si reclamar una autonomía propia consistiera únicamente en recordar a Alfonso IX, mirar antiguos mapas o sacar pendones a la calle. Hace tiempo que el debate dejó de ser solamente ese; hoy el debate es otro; hoy hablamos de población, empleo, jóvenes que se marchan, envejecimiento, oportunidades, infraestructuras, inversiones y servicios públicos; parámetros todos ellos en los que León ha empeorado desde que pertenece a esta comunidad autónoma, precisamente por todo lo que la Junta no ha hecho con y por León. Hablamos de una provincia que ha perdido decenas de miles de habitantes y que, después de más de cuarenta años, tiene motivos más que suficientes para seguir preguntándose dónde están aquellas ventajas que supuestamente iba a proporcionarnos nuestra integración en esta comunidad autónoma. Ahí es donde el debate cambia, puesto que cuando a una reivindicación histórica e identitaria se une una preocupación económica, demográfica y social, ya no hablamos solamente de sentimientos, sino que hablamos también de algo que nos toca el bolsillo. Y eso ya es harina de otro costal.
Por eso el leonesismo sigue creciendo; no porque hayamos descubierto ahora nuestra historia o nuestra identidad, que siempre estuvieron ahí, sino porque cada vez más leoneses hacen balance de estas cuatro décadas y se preguntan si no habrá llegado el momento de intentar otro camino. Para muchos de nosotros, la autonomía leonesa ya no es solamente una aspiración histórica, es una necesidad para poder decidir nuestras prioridades, gestionar nuestros recursos y asumir la responsabilidad de nuestro propio futuro. Por eso seguiremos trabajando para conseguirla; con respeto, democráticamente, desde las instituciones y desde la sociedad; sin pedir privilegios y sin reclamar nada que otros territorios de España no tengan ya. Simplemente queremos que León pueda decidir por León. Y cada vez somos más quienes creemos que ese momento llegará.
Gradefes es solamente un ayuntamiento. San Isidoro fue solamente una reunión institucional. Tres procuradores son solamente tres procuradores. Pero cuando se juntan las piezas aparece una imagen bastante clara: León sigue ahí. Y también sigue ahí una reivindicación autonómica que algunos llevan más de cuarenta años esperando que desaparezca; pero van a tener que seguir esperando, porque a este lado del Pisuerga somos muchos los que no nos resignamos, muchos los que creemos que León merece decidir su propio futuro y muchos los que vamos a seguir trabajando, con firmeza, con respeto y democráticamente, para conseguirlo.
Hasta que León tenga su propia autonomía.
Bernardo L. García Angulo es Coordinador de Estudios Autonómicos de UPL
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