Le quitaron lo ‘bailao’

Saturnino Alonso Requejo
14/02/2015
 Actualizado a 31/08/2019
Llegaba a la bolera del barrio, liaba un cigarro de petaca, y a esperar a que se personara el otro para formar pareja en la partida. Mientras pinaban los bolos del último birle, se sinceraba con el compañero que era algo preguntón:

– ¡Esa es la cosa, Alipio!, decía el Casiano: me he retirado, cobro todos los meses algo, tengo en el pueblo casa con hornera de curar, me van respetando los andancios de cada invernía, que no es poco, así es que la que yo digo: ¡Que me quiten lo bailao!

Y el Casiano metía los pulgares en las mangas del chaleco, sacaba pecho y respiraba hondo como quien acaba de ganar una guerra: ¡Que me quiten lo bailao!

– Y, para birlar con más puntería, ponía una rodilla en tierra, como en sagrado, y se colocaba la boina en el cogote como si fuera el solideo del obispo.

Al poco de esto, y cuando menos lo esperaba, ¡zas!: el pantano, o ponga usted aquí la crisis, o el desahucio, o la desgracia que tenga más a mano. El caso es que todo dejó de ser lo mismo.

Pasado un tiempo, el Casiano que ya no acudía a la bolera. Y el otro, pues a esperar sentado, y a preguntar a unos y a otros:

– ¿Qué será del Casiano que ya no viene por aquí a echar la partida y a encender el cigarro con el chisquero?

– Creo que finó este San Miguel, dijo uno. Al parecer, de desgana; ¡a ver si no! Dicen que lo enterraron aquí, en la capital, con la sola presencia de la hija soltera que lo cuidaba. ¡Sí, aquí, tan a trasmano!

Porque al Casiano le hubiera gustado en el Camposanto de su pueblo, tan soleado, tan familiar, tan de allí, tan querencioso como un sestil... Al lado de su difunta que hacía tanto tiempo que le estaba esperando.

¡Pero no pudo ser! Porque al tío Casiano ya le habían quitado todo lo bailao, y hasta el sonido profundo de las últimas paletadas de tierra blanda, y el mirar de los vecinos desde el borde mismo, estrangulando la boina negra en sus manos callosas.

La cosa es como digo: ¡al Casiano le habían quitado todo lo bailao!

¿Qué bolos andará pinando ahora el Casiano en la bolera de las estrellas?

¡Cualquiera sabe!
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