E s un drama, No sé si recuerdan ustedes una famosa comedia de Shakespeare, La Fierecilla Domada. Se trata de una comedia en la que un noble de Padua no consigue casar a su hija primogénita debido a su carácter díscolo, malhumorado y déspota. Después de que todos los pretendientes abandonen la terrible empresa que supone su cortejo, sólo un joven veronés accede a casarse con ella, ya que su suculenta dote compensa su genio. Además, tiene un plan para convertir a su futura esposa en una obediente y sumisa consorte. El marido se comporta desde el principio de manera ciclotímica, y la desconcierta por completo mostrando su enamoramiento, justo después de dejarla sin vestido o sin comida, para que de ese modo se vuelva la esposa más dócil de todas. En una versión de la obra que vi hace años en Madrid, introducían un pequeño epílogo en el que un viejo borrachín, que había visto la comedia, intenta hacer lo mismo con su borde esposa, pero ésta le replica a base de collejas que si quería hacer eso, debió hacerlo desde el primer día y no después de años de matrimonio.
Traigo a colación esta obra porque hace algunas semanas tuve la oportunidad de asistir a un desayuno organizado por Aleco. Fue un acto que buscaba ser un foro entre distintos cargos públicos, empresarios y profesionales, preocupados por el futuro de la ciudad. Y tuve una especie de déjà vu respecto a la escena que les acabo de contar, ahora verán. Neófito en estos encuentros y debido al sombrío futuro de León, esperaba en el acto un unívoco tono reivindicativo, especialmente con la asistencia de Emilio Gutiérrez y Antonio Silván. Había estado hablando además con algunos asistentes, y todos ellos mostraron su avenencia con la necesidad de ser mucho más exigentes con los políticos que tenemos. Sin ir más lejos, y como miembro de la Casa de León en Madrid, nuestros últimos reconocimientos han sido para iniciativas independientes como la defensa de los concejos, el polígono de Torneros, el no a la Sama-Velilla, o la asociación ProMonumenta. Labores todas ellas que deberían ser promovidas por nuestros representantes, y no por la caridad y solidaridad de la gente.
Mi gran sorpresa fue que lejos de las reivindicaciones que esperaba, muchas de las intervenciones fueron enormemente complacientes y edulcoradas. No lo entendía. Estamos en un foro para analizar el futuro de León, ¿y algunos simplemente predican las ya conocidas bondades de nuestra tierra, que se muere irremediablemente al mismo ritmo que su despoblación? Parecía como si la presencia de los políticos hubiese supuesto un chute de morfina, como si se les debiera algún tipo de condescendencia por el simple hecho de desempeñar un cargo público. Y pensé, ahora que tenéis al político delante, ¿asentís a todo lo que dice, cuando hace dos minutos reclamabais más implicación? Por eso me acordé de La Fierecilla Domada, porque los representantes que tenemos están acostumbrados a parabienes, pero no a exigencias sobre su trabajo. Deberían ser conscientes que cuando ponen un pie en León, todos les pediremos que trabajen más y mejor, no que les aclamaremos hagan lo que hagan. Somos muchas veces una fierecilla domada por la resignación. Conocemos nuestros problemas y conocemos soluciones, pero agachamos las orejas cuando hay que reclamarlas si está el político de turno delante. Mucho me temo que nos hemos convertido en ese matrimonio del final, y cuando queramos decir ¡eh, hasta aquí hemos llegado!, ya será demasiado tarde; llevaremos demasiados años de sumisa y obediente vida conyugal como para que nos tomen en serio.
Una lástima.
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