Era un festejo romero que se celebraba cada 8 de septiembre, al amparo de la festividad litúrgica de la Natividad de Nuestra Señora, en la acogedora chopera que había en ‘El Parque’, situada donde hoy se alzan, entre otros, el ‘León Arena’, es decir, el coso taurino, o las instalaciones recreativas de ‘La Venatoria’. Hablo, pues, de los terrenos emplazados en una de las márgenes del río Bernesga, concretamente, en la zona de la Corredera, primitivamente, la Corredera de San Miguel, denominada así porque existió un monasterio dedicado al arcángel que pesa las obras de las almas, iconografía pétrea simbolizada en el tímpano de la Puerta del Juicio Final de la S. I. Catedral de León, donde la figura del paladín celeste agrupa a su izquierda a los réprobos y a su derecha a los bienaventurados.
El citado monasterio de San Miguel, pocos años después adscrito a la parroquia de Nuestra Señora del Mercado, lo fundó, «en remedio de su alma», el presbítero Félix, en pleno reinado de Bermudo III, último rey de la dinastía asturleonesa. Y lo hizo «junto a la ciudad de León, y cerca de San Claudio, a la ribera del río Vernesga, en un solar que le dio una señora llamada Columba» [P. Risco, ‘Iglesia de León y monasterios antiguos y modernos de la misma ciudad’, pg. 98]. Se componía «de una iglesia y de una casa, que aparecían perfectamente encerradas por una cerca», [Isidro G. Bango Torviso, ‘El monacato en los reinos de León y Castilla (siglos VII-XIII), 2005, pg. 203], y se ha datado en 1029, año en que los hermanos Vela, un martes, el 13 de mayo, asesinaron al conde castellano García Sánchez, de 19 años de edad, prometido de Sancha Adefónsiz, hija de Alfonso V, cuando los enamorados dialogaban ante las puertas de la antigua iglesia de San Juan Bautista, lindante al palacio real, es decir, ante la Real Colegiata Basílica de San Isidoro.
El conde García Sánchez de Castilla era tío, por línea materna, de Fernando I, futuro rey de León, hijo de Sancho Garcés III, el Mayor, rey de Pamplona, (1004-1035), con quien se inicia el reino de Navarra en el primer tercio del siglo XI, y de Munia, Muniadomna Sánchez, más conocida por Dª Mayor, hija del conde castellano Sancho García. Fernando I se casaría después con la citada Sancha Adefónsiz. A ellos se debe la actual fábrica de la basílica isidoriana.
Volviendo a nuestro propósito, subrayemos que la singularidad de la fiesta y romería de la Melonera está fuera de toda duda. De ello dan buena cuenta tres alusiones, que reproduzco seguidamente, aparecidas en distintas publicaciones leonesas. Una de ellas está referida al año 1908. Tomada de la publicación [sin paginar] que la Cámara Oficial de Comercio e Industria de León editó en 1957, con motivo del cincuentenario de su fundación, allí puede leerse literalmente: «Se celebró en el Parque la gran romería llamada de las sandías (La melonera). Hubo gran profusión de meriendas y animados bailes en los que no hubo que lamentar, afortunadamente, ningún hecho desagradable de los que en esos bailes suelen ocurrir». A manera de excurso, anotemos que en sus famosas odas, Pablo Neruda define a la sandía como «cofre de agua, plácida, reina de la frutería/ bodega de la profundidad, cuna terrestre».
José Eguigaray Pallarés, en su obra ‘Lo que va de ayer a hoy’, [1955, pg. 22], evoca también aquella chopera en los siguientes términos: «aquel Parque, en el que evolucionaba nuestro Regimiento de Burgos, al mando del teniente coronel Lerones […] aquel Parque donde también vimos mandar el batallón desde su caballo blanco, al menudo pero enérgico D. Diodoro Mateo […] aquel Parque donde en la Virgen de Septiembre se celebraba, con regocijo popular, la fiesta de la Melonera».
En ‘El León de Pepe Gracia’, su autor, el mítico fotógrafo leonés, nos ha legado asimismo diversos pormenores de esta fiesta romera. Fija su testimonio entre 1910 y 1920. He aquí un extracto: «La habían puesto este nombre [La Melonera] porque este día venían muchos labradores de la provincia, ponían en el suelo su carga de melones y sandías para venderlos al personal, a la vez que participaban en los festejos. Las familias extendíamos los manteles sobre el césped para comer con apetito lo que traíamos de casa, y de postre a la ‘cala’ del melón y de la sandía. Había bailes durante todo el día, al compás del organillo, y para quien lo prefería, se iba a otros grupos que lo hacían al compás de la pandereta o de la dulzaina, con canciones de los pueblos».
La romería de ‘La Melonera’ era, por tanto, una referencia anual en el calendario de la sociedad leonesa en los primeros años del pasado siglo. Ponía broche a los festejos veraniegos capitalinos y se convertía en uno de los postreros eslabones de una cadena que tenía término en la multitudinaria romería de San Froilán que, cada 5 de octubre, con el otoño recién estrenado, ahora como entonces, se celebra en la altiplanicie de la Virgen del Camino.
Así, familias enteras se desplazaban hasta ‘El Parque’, tal como queda referido en párrafos precedentes. Y a la sombra de aquella chopera la convivencia se convertía por unas horas en una explosión de diversión y júbilo. La convocatoria, como he dicho, comenzó impregnada de tintes religiosos. Con el tiempo se hizo patente su carácter profano.
Por tercer año consecutivo, la Asociación Cultural ‘García I’, radicada en el barrio de Nuestra Señora del Mercado, organiza el próximo sábado, día 24, la celebración de la romería de ‘La Melonera’. Al igual que en ediciones anteriores, la citada asociación cuenta con la colaboración del Excmo. Ayuntamiento de León.
En esta ocasión se pondrá en escena ‘la covada’, un rito ancestral, atribuido a los astures por Estrabón, geógrafo griego del siglo I antes de Cristo, practicado por los maragatos, «que consiste en que cuando las mujeres dan a luz, el marido se acuesta en su lugar y ellas lo cuidan con una significación que no es la del matriarcado, sino la de señalar las prerrogativas y los derechos de la paternidad…». [Luis Alonso Luengo, Los Maragatos, 1980, pg. 98]. Concha Casado Lobato, máxima autoridad en etnografía leonesa, recientemente fallecida, resumió esta práctica de este modo: «El conocido dicho popular ‘al lado de la parida todos pasan buena vida’, junto a aquel otro que escuchamos a una mujer en las Riberas del Órbigo ‘el caldo pa la parida, la carne pa el facedor’, son fiel reflejo de los cuidados que la mujer recibía después del parto». [El nacer y el morir en tierras leonesas, 1992, pg. 18].
Por su parte, Adolf Schulten, en ‘Los cántabros y astures y su guerra con Roma’, (1962, pg. 50), define la covada como «la costumbre de que después del parto el marido se echara en la cama y fuera cuidado por la mujer». En resumidas cuentas, y elucubraciones al margen, de estas tres afirmaciones se colige que, además de acostarse en el lecho conyugal en lugar de la esposa, el hombre se comía la gallina y la mujer sólo se tomaba el caldo después del parto.
Aquella chopera que se alzaba en ‘El Parque’ es hoy, como bien se sabe, una evocación, porque el ventarrón de los tiempos y el progreso urbano se llevaron por delante tan bucólico paisaje. Sin embargo, la convocatoria romera permaneció latente en el imaginario popular legionense. En estos días nuestros será puesta en escena una vez más, como he dicho antes, gracias a la Asociación Cultural ‘García I’, en cuyo seno Ángeles González Espadas y Ana Fernández Colunga alientan ilusiones y despliegan esfuerzos con acreditado entusiasmo y vocación de continuidad. La cita, repito, es el día 24 de septiembre, sábado. El lugar de celebración la plaza de Santa María del Camino, la popular plaza del Grano, un excelente escenario para llevar a término una jornada plena de tipismo y leonesidad.
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