Guerra y economía

Elena Blasco Martin
14/03/2026
 Actualizado a 14/03/2026

Nunca hubo guerras buenas ni santas. Y menos aún para las personas humildes, que somos la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta. La guerra es siempre el testimonio de un fracaso, y en los últimos tiempos, también una muestra más de la infamia que nos atormenta a escala mundial.

Al margen de otras tragedias camufladas en el mapa, cabe señalar que al parecer no tenemos suficiente con las barbaridades entre Rusia y Ucrania. Tampoco con el genocidio en Gaza. No, la sobredosis llega ahora desde Oriente y, más allá de lo estrictamente bélico, sacude el escenario hasta afectar a nuestras vidas cotidianas. Nos interesa resaltar esto último, porque de lo otro ya se ocupan con mayor conocimiento analistas y estrategas. Nos corresponde, eso sí, su condena y la reclamación de su fin inmediato.

Pero en referencia a lo corriente, volvemos a observar el vuelo de los buitres sobre la escena y eso sí que es algo que está a nuestro alcance enfrentar, detener y maldecir. Siempre hay alguien que encuentra una oportunidad de negocio sucio en la desgracia: sucedió con el tráfico de mascarillas durante la pandemia y vuelve a alumbrarse ahora con todo género de especulaciones, precios y abusos. Aparte del mal obrar de gasolineras y multinacionales de gas y petróleo, el ejemplo más lamentable lo ofreció el amo supremo de una destacada cadena de alimentación. Coincidiendo en el tiempo con la publicación de sus enormes beneficios, su mejor dato histórico en 2025, este buen hombre reclama como medida contra lo que pueda sucedernos eliminar el IVA en la alimentación. Y se queda tan ancho. Ni una mínima mención a sus márgenes empresariales, que al parecer son intocables, en línea con lo que reclama la CEOE y sus partidos políticos de compañía.

Frente a ese planteamiento miserable, se nos ocurre pensar que detrás de cada bajada de impuestos a los que más tienen y más ganan hay siempre una escuela con menos recursos o una lista de espera sanitaria más larga. Porque de lo que hablamos no es solo de economía, es de la vida de la gente. Pedir ayudas públicas y a la vez rechazar la fiscalidad, como solemos escuchar en cada crisis, sea de la naturaleza que sea, es incompatible con el bienestar del país. Por esa misma razón se necesitan propuestas y actuaciones valientes, desarrollo de medidas en función de las consecuencias económicas y sociales de los conflictos armados orquestados por imperialistas carnívoros y genocidas mundiales.

Las guerras, las crisis, se ceban con la ciudadanía de a pie y especialmente con la clase trabajadora, que padece, sufre y sobrelleva como puede los primeros efectos de aumento de precios, costes de vida y crecida de préstamos hipotecarios y alquileres.

Las medidas deben adoptarse ya, eso sí de manera quirúrgica, calculada, escalonada y evaluables, atendiendo a como se vayan desarrollando los acontecimientos, pero sin duda deben ser trasparentes, informadas y pedagógicas para evitar precisamente lo que ya han utilizados algunos partidos políticos, la demagogia estigmatizante de los impuestos; excusa que utilizaron para votar en contra del escudo social propuesto por el Gobierno.

Mostrar a la sociedad que los recursos públicos sostienen al país y especialmente en épocas de crisis y guerras, y que esto solo se consigue con contribución fiscal suficiente, es demostrar que la solidaridad no es una opción, es la base de nuestra democracia.

Elena Blasco Martín es Secretaria General de CCOOLeón
 

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