¡Estoy perplejo!

Ornis
23/03/2016
 Actualizado a 08/09/2019
Querido Sócrates: No sé lo que habrá sucedido cuando te llegue esta carta, pero siento la necesidad de hacerte estas consideraciones porque estoy perplejo.

Hace tiempo, cuando murió el niño Ailán, te escribí con mi preocupación por los refugiados de la guerra, de las guerras, y no veía el horizonte claro.

Hoy andan los políticos de la Unión Europea discutiendo qué van a hacer con todos los desgraciados que quieren acceder a Europa.

¿Quiénes son los egoístas y los intransigentes?

¿Los políticos, a los que siempre echamos la culpa, o nosotros mismos que queremos que los «otros» se encarguen de recibir, documentar, atender, vestir... a los que huyen?

¿No será que los políticos interpretan a los hinchas de futbol que tiraban monedas a las refugiadas?

¡Qué malos tratos no soportarán, que alguno ha dicho que pensaba en volver!

Soy europeísta, creo, pero me estoy resquebrajando. No hay Hacienda común, no hay Ejército común, no hay Respuesta común. Ni siquiera, Moneda común, de la que tanto presumimos. Solamente veo regates y quiebros al espíritu y la ley europeos, adobados con las imposiciones de los más fuertes. Si no se puede circular libremente¿qué es Europa?

Somos muchos en la UE ¿Sería tan dañino para el trabajo, la población y la cultura que cada localidad, que en función de su población y estructura, reciba una o varias familias? Familias que aprecian el valor de la paz, con ganas de trabajar para quitarse el hambre, los piojos y las ladillas. Esto no esuna figura retórica, Sócrates. Hoy se lo he escuchado a una cabo española destacada en el salvamento marítimo del Mediterráneo.

Teóricamente nos han educado ¿o no? en el esfuerzo y la colaboración social. Eso no es fácil ni cómodo, pero es hora de demostrarlo.

Nos preocupamos del bienestar de los animales que tenemos en nuestras cuadras y transportamos a nuestros mataderos y, sin embargo, no presionamos lo suficiente a nuestros dirigentes para que protejan a los caminantes por las vías, las carreteras y los ríos.

Entiendo que Merkel se asuste. No se puede trasladar la población de un país para meterla de golpe en otro. Alemania y ella tienen la experiencia de haber recibido, súbitamente, un país destruido. Pero no comprendo la soberbia intransigente de Cámeron, que se cree más que el resto y cierra «sus» islas, cuando medio mundo les ayudó a salvarlas.

Cuando, hace unas semanas, le vi dar explicaciones sobre su reunión con el resto de la UE, comprendí Trafalgar y otras cosas de la historia. No es tonta la afirmación de que los estados no tienen amigos sino intereses. Quizá con ese planteamiento podamos intentar trabajar por el bien.

Tampoco entiendo el silencio o el rechazo de otros países, que no son precisamente pobres, y hace setenta años sus ciudadanos estuvieron en las mismas circunstancias que los que quieren venir aquí. Creo que el éxito y la comodidad nos han hecho intransigentes. Pero también, como al imperio romano, nos pueden destruir.

¿Y los pobres? sabemos, aunque se nos olvide, que España ha crecido y mejorado, en parte gracias a las ayudas europeas. ¿No puede Europa condicionar, como nos condicionó a nosotros, sus ayudas a los países recientemente integrados, a los esfuerzos que hagan para la acogida o el derecho de paso?

Nos quieren tranquilizar con que vamos a dar unos dineros a Turquía para que acoja. ¿Con que garantía de que no salgan corriendo para Suiza? ¿Los utilizarán para detener a los traficantes de seres humanos, que es lo que no hacen ahora?

No entiendo cómo se puede dar por «seguro» un país que tiene una guerra contra una de sus partes, de donde provienen muchos de los refugiados, y no ha admitido algún que otro genocidio. Y encima, nos piden lo que ellos quieren impedir ¡visados libres!

¿No es Grecia, con todos sus defectos, un país de la UE mucho más controlable y el que tiene a los refugiados atrancados en su territorio? De paso, esa inyección de dinero quizá dinamizaría algo su economía porque en algún lugar habrá que comprar las mantas y las patatas.

Sócrates, tú que tienes contactos, hazles llegar la idea de que, en vez de escaquearse, perder el tiempo y regalar el dinero a socios dudosos, hay que ponerse a clasificar, repartir, distribuir, para que la gente deje de sufrir.

Siempre habrá algunos, pero pocos, que muerdan la mano que les da de comer. Si aparecen tenemos los mecanismos para ponerles bozal.

Quizá algunos nos lo pagarán aunque, no lo dudes, también tengo miedo de que algo salga mal.

Siempre tuyo.
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