No tengo claro si a la hora de publicarse esta opinión, habrá habido ya alguna manifestación del ‘Frente Contra la Tortilla sin Cebolla’, previa creación, claro. Y es que llevamos mucho tiempo asistiendo al emerger de múltiples plataformas para reivindicar preocupaciones y reivindicaciones comunes, todas ellas muy lícitas, de una cosa y la contraria. Y la conclusión es que posiblemente estamos en un periodo en el que, habiendo problemas importantes de precariedad en muchos hogares y oficios, que conllevan posicionamientos de conflicto y lucha, también hay muchas cuestiones menores que en ocasiones movilizan mucho más. Si hoy se volviese a proponer en algún despacho el descenso de un equipo de futbol que no tuviese una justificación suficiente, arderían las calles.
Las comparaciones son odiosas, pero todos y todas en la comarca del Bierzo, como en Laciana, si tenemos que hablar de activismo reivindicativo, la imagen es la de fundas negras, casco blanco y botas de goma. Y el motivo no era si el agua en la empresa era embotellada o del grifo, era que hubiese agua. El motivo no era cobrar el 3 o el 5, era cobrar. El motivo no era que hubiese o no tiritas en un botiquín, era salir vivo del agujero para poder volver y llevar pan a casa. Un día y otro día.
Y había que organizarse, siendo necesario para ello, como así sucedió, que hubiese personas que tuviesen un mayor protagonismo para unir voluntades y guiar al resto. A partir de ahí surgieron los sindicatos de clase, de clase obrera. Y los formaban personas. Personas en las que el resto veían capacidades para liderar ideas y a partir de éstas, las actuaciones necesarias para conseguir los objetivos. Y abrieron huella así para otros muchos y muchas que luego supieron cómo gestionar injusticias. Y como lema no escrito: «Todos a una».
No siempre se podrán contar historias gloriosas de esos años, pues las personas no son infalibles y también se equivocan, sabiendo además que los errores son a veces más recordados que los aciertos, por desgracia. Pero las personas que asumían aquellos liderazgos, merecen un reconocimiento. Muchas de ellas hoy son padres y abuelos de generaciones que han tenido caminos libres de piedras, en parte por el empeño de sus padres y los padres de estos, por crear unas condiciones dignas en sus proyectos de vida. El problema es que solo quedan eso, los caminos. ¿Para llegar a dónde?
El paso del tiempo sigue anestesiando nuestros pueblos, nuestras comarcas. La aceptación de que aquello fue lo que fue y no volverá a ser, mientras el recuerdo sigue siendo el alimento del presente, nos va haciendo débiles. ¿Pero, ha de ser así?
En Laciana éste próximo 10 de junio se pondrá de manifiesto que no tiene por qué ser así. Que no hay por que conformarse con ‘rebañar el plato’ un día tras otro. Que las dosis de anestesia no son obligatorias y además son incompatibles con la vida y el desarrollo personal en las antiguas cuencas. Y que también estarán enfrente de cada administración que obstaculice esa pretensión. De todas y cada una de ellas. Ejerciendo el derecho de resistir. Y aquí se debe hacer dejando a un lado intereses partidistas, como se hizo cuando se hizo bien. Ahí reside el mérito y el éxito. El único rédito debe ser para las gentes de los pueblos que sufren ese abandono, no para para ‘likes’ en fotos y protagonismos ficticios. Y ahí estaremos, como entonces, las Comisiones Obreras.
No será la única comarca que lo haga. Los motivos sobran para hacerlo, por nuestro presente y nuestro futuro, pero también por honrar a los que antes lo hicieron. No hacer nada no puede ser una elección. Por el buen nombre de nuestros antecesores, nuestros abuelos, nuestros padres.
Roberto Echegaray es secretario general de CCOO El Bierzo