La Semana Santa es una plegaria comunitaria. Y, por ende, los cortejos procesionales un concurso de fieles que manifiestan su fe. Y es que la piedad popular ha transcurrido siempre paralela a la liturgia oficial de la Iglesia. No hay oposición entre una y otra. Coexisten de un modo admirable y se complementan mutuamente. Por eso, el gran reto que supone la evangelización precisa también de la tradición que, como he dicho tantas veces, es el compendio de la memoria colectiva.
La conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, lejos de quedarse en un puro costumbrismo, o, si se prefiere, en una muestra sucesiva de efigies o en una mera exhibición de imágenes más o menos artísticas, afianza las raíces espirituales de un pueblo en peregrinación hacia la búsqueda de Dios. Máxime en este Año Jubilar de la Misericordia.
La Semana Santa de León, íntimamente entrañada en el alma del pueblo, se celebra con verdadero fervor. Su leccionario iconográfico aúna convicción y sentimiento de un modo mirífico. Y sus resonancias alcanzaron siempre nuestra vida cotidiana. Por vía de muestra recordemos que ya en las antiguas reglas o estatutos de las cofradías penitenciales leonesas se estipulaba que el Día de Difuntos se celebrara una Eucaristía por la recomendación del alma de los hermanos fallecidos. La asistencia era obligatoria. Y en los entierros, cuatro hermanos, designados previamente, tenían la obligación de llevar el cadáver a hombros al cementerio sin percibir retribución alguna, imponiéndose a los nominados, en caso de negarse a ello, la multa de un cuarterón de cera.
El Libro del ‘Memento’, que hace posible este comentario, es un testimonio público de estos sentimientos. Según el DRAE, ‘memento’ ‘es cada una de las dos partes del canon de la misa, en que se hace conmemoración de los fieles y difuntos’. Como bien se sabe, la palabra ‘canon’ significa regla fija. En este caso concreto indica la norma que ha de seguirse en la consagración de las especies. Es la ‘plegaria eucarística’ que conmemora y renueva la Cena del Señor. Dentro del Canon, que finaliza con el Padrenuestro, se verifica la Consagración. El Canon propiamente dicho termina con una solemne doxología, que es una fórmula de loanza durante la cual el celebrante alaba a Jesucristo, Mediador entre Dios y los hombres.
El ‘Memento de Difuntos’ se produce poco después de la Elevación. El oficiante reza tres oraciones en las que ofrece al Eterno Padre la Víctima del Sacrificio, y, seguidamente, ruega por todos los difuntos, nombrando a algunos recomendados, a la vez que ruega al Altísimo que les conceda el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
El cristianismo ha recordado siempre expresamente a los difuntos. Y ha rezado siempre por ellos. ‘Memento’ es sinónimo de memoria. Y ‘El Memento’ es un libro que nos recuerda siempre aquellas palabras pronunciadas por Santa Mónica en su lecho de muerte, que su hijo Agustín de Hipona, reproduce en el capítulo IX, 11, 26, de sus ‘Confesiones’: ‘Enterrad este cuerpo dondequiera y no tengáis más cuidado de él; lo que únicamente pido y os encomiendo es que os acordéis de mí en el altar del Señor, dondequiera que os halléis’.
El Libro del ‘Memento’ o Libro de Difuntos es un volumen que, a modo de registro, recoge la identidad de todos los hermanos y hermanas que, cumplido su periplo por la faz de la tierra, descansan a la diestra del Padre.
Desde hace algunos años, más bien pocos, algunas agrupaciones penitenciales han incorporado en el orden de su procesión penitencial el citado Libro del ‘Memento’. Dada la fecha en que ve la luz este comentario, este hecho es verificable en la procesión de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz, que se lleva a término, la tarde del Viernes Santo, y en la procesión ‘Camino de la Luz’ que, cada Sábado Santo, organiza la Cofradía Santo Sepulcro-Esperanza de la Vida, primera agrupación penitencial de nuestra ciudad que dispuso del citado libro desde sus orígenes, en 1992, aunque lo cierto y verdad es que no figuró en el orden de la procesión, - hablo de memoria - hasta el año 1997 o 1998.
En el caso de la primera de ellas, el Libro del ‘Memento’, que data de la Semana Santa de 2011, contiene un prefacio del que es autor el Rvdo. Sr. D. Telmo Díez Villarroel, Consiliario honorario de la Cofradía de las Siete Palabras. En el caso de la segunda, el autor es José Antonio Fresno Castro, a la sazón, en el referido año 1992, Maestre de la mencionada cofradía. Ambos textos son muy bellos y emotivos.
Desde el Viernes de Dolores hasta la Dominica de la Pascua Florida, en León se conmemoran los solemnes y transcendentales momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Se trata de una catequesis itinerante, de la cual forma ya parte el Libro del ‘Memento’ o Libro de Difuntos, un volumen que recuerda a quienes nos precedieron en el signo de la fe y descansan en el sueño de la paz. Y, por ello, un testimonio público y esperanzado que rechaza sin ambages la teoría del materialismo, defensora de que la muerte es término, conclusión, límite. Y es que como dijo el poeta: ‘la muerte no es el final del camino’. Para un creyente, desde luego, nunca lo será.
Máximo Cayón es Cronista Oficial de la Ciudad de León.
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