Del insulto al abrazo del oso, ¿y jaque mate?

Juan José Alonso Perandones
21/06/2016
 Actualizado a 31/08/2019
Las elecciones del domingo 26 son importantes, obviamente, para la distribución del poder político en España. Pero de especial manera, para el PSOE y el próximo futuro de la Nación. No cabe duda del papel desempeñado por este partido en la consolidación de la democracia y en su modernización; mas esto ahora se da por descontado. A los aciertos hay que sumar errores, algunos de gran calado ético (a mi entender, los más dañinos), otros de anquilosamiento; no pocos en la política territorial, trufada en Cataluña por una gran inconsciencia que no parece nunca amainar pese a la diáspora de votos. Admitamos, o habrán de admitir, que el PSOE precisa de una catarsis y desprenderse de cuantos consideran este partido como su profesión más que como un ideal; de igual manera, si ha de mantener los principios que con una historia tan dilatada sus pensadores, como Fernando de los Ríos y otros, han defendido, deberá restaurar el sentido de igualdad entre los españoles, zaheridos, es decir, desiguales hoy en día, según la región, en los servicios públicos fundamentales y en su indebida privatización. Y aclararse definitivamente, sin palabras vanas, sobre qué es nuestra Nación, en la que se ha de respetar la diversidad, pero, al tiempo, los que se consideran tan diversos no han de poder usar con hartura alegremente el poder otorgado por la Constitución para crear esa entelequia de enemigo en el que descargar todos los males y crear una conciencia –sin regatear medios, ni adulterar en ocasiones la historia– despreciativa, insolidaria y separadora.

Es evidente que el cinismo impregna la campaña política, y que los candidatos pintan una realidad nacional ficticia para el futuro; sin advertirnos de las consecuencias de la deuda existente, de los inevitables compromisos europeos, con claridad. Esta simulación es un gran timo, pues lo que procedería es discutir cómo se conserva y potencia lo esencial, a costa de lo superfluo. No se hizo en los reajustes pasados, nada más, prácticamente, que con declaración de intenciones, y el gasto inútil e indebido (séquitos de políticos, fundaciones, cargos de confianza, empresas públicas de acción baldía…) se ha mantenido; mientras, la educación, la sanidad, y otros servicios esenciales han sido la panacea de donde retraer recursos. Llama la atención que no haya un estudio real del gasto en España, para los mismos servicios, iguales carreteras, antes de las transferencias y ahora; que no se haya indagado en si las administraciones territoriales, no solo ellas, pero fundamentalmente, aprovechan bien los recursos o no han tenido duelo para crear puestos ficticios, o ser la falsa hermanita de la caridad que recoge a desahuciados por los votos. En fin, un chequeo o auditoría, pero puesto a puesto, función a función: si era necesario, cómo se cubrió, etc.

Los partidos, que podemos considerar nuevos, no tienen ni los éxitos ni la rémora de la gestión; si bien, alguno como Podemos ya ha apuntado maneras, en el uso y continuación del abuso de cargos de confianza en ayuntamientos, entre otros pormenores. Ha llegado a ser este partido, un popurrí a la larga indigesto, pero para la votación del domingo muy eficaz. El descontento de muchos españoles de querencia progresista no solo obedece a las medidas tomadas por la gran crisis, sino también, en gran parte, porque esta ha desvelado comportamientos intolerables en unos cuantos servidores públicos; y porque muchos a los que consideraba cercanos, han resultado unos aprovechados del cargo, con un nivel de vida que este les ha otorgado y que poco tiene que ver con los ideales que han venido predicando. Previsibles eran, pese a que algunos amigos míos cuando en mi blog lo escribía no se lo creyeran, la repetición de elecciones, los efectos negativos en el Partido Socialista de una estrategia electoral equivocada, sumisa o complaciente con el difamador, a veces casi humillante. Y fácil de entender que el fin primero (con el insulto en la primera elección y el abrazo del oso en esta segunda) y último de Iglesias y su coro desafinado es ocupar, minar al Partido Socialista, pues es evidente, que para los dos no hay espacio político suficiente. Suspira por el jaque mate, porque sin tal golpe certero, pasada la calentura electoral, ¿cuál es el futuro de su popurrí?

Previsible era, también, que el candidato de Podemos iba a intentar captar a Izquierda Unida, y que este partido, ahíto de deudas y con una ley electoral que injustamente lo perjudica, tiraría cohetes, a costa, eso sí, de ser en la campaña electoral prácticamente un cero a la izquierda. Ni que decir tiene que las mareas y otras turbulencias encontrarían en el simulador Iglesias un hueco, no solo para besarse en la boca, darse el pico distanciando los cuerpos (nunca las pamplinas y los gestos abundaron tanto) sino para captar electores con el mantra de un estado chupóptero y con ellos deudor. Este popurrí, que definirlo solo llevaría unos pliegos, ya decíamos, para el domingo va a ser eficaz; bien ducho se muestra Iglesias en vestirse a cada momento de lagarterana, cambiar de camisa como un galápago, para tener los focos y expandir el embaucamiento. ¿Y el lunes? Para el Partido Socialista cualquier solución es mejor que compartir gobierno con esta mezcolanza, cuyo máximo profeta sabe que esta es su oportunidad, con o sin la presidencia del Ejecutivo (no es, con ser relevante, tener más o menos diputados que el PSOE, lo que más importa), pues el poder es una cosa y otorgar la investidura a otro para aparentar que lo tiene puede ser otra; y la acción de gobierno precisa de una coherencia, y no estar supeditada a compromisos inviables, económicos, atentatorios con la soberanía nacional, conflictivos respecto a los usos y costumbres de las democracias occidentales.

Enfilan los partidos estos últimos días con el afán mordedor de costumbre, con frases más manidas que el baúl de la Piquer, con las pullas de pensamiento esquemático de siempre, hasta el hartazgo. Pero la pervivencia de la democracia es garantizarla con el cumplimiento del voto, que en su virtud disfrutamos. Es indudable que la socialdemocracia, con sus problemas y carencias en Europa, en nuestra Nación, es la opción política razonable, inmersa en los valores e historia europeos, y que por desencantados que estemos (algunos con motivos más que sobrados), reducirla, sustituir al PSOE por un popurrí político, puede servir para un momento de desahogo, pero no para una acción de gobierno que nos sea beneficiosa a la mayoría de los españoles. El lunes, la cuestión primera para este partido no es tanto gobernar como perdurar con la relevancia política que, más allá de las aspiraciones concretas de los candidatos actuales, le corresponde seguir desempeñando en la historia de España.
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