LA HISTORIA
Recuerdo que allá por 2020, una mañana cualquiera, la Asociación de Vecinos del Barrio de Pinilla recibió una llamada, pero no una llamada cualquiera. Su contenido pretendía cambiar el curso de la historia para el barrio de Pinilla.
Nos llamaron para hablarnos sobre un proyecto que estaba de camino, «el Arru de Pinilla», y para pedirnos ayuda para promover este tema entre los vecinos y sacarlo adelante.
Pero, ¿qué es eso del Arru?
Arru son las siglas de Ayudas a la Regeneración y Renovación Urbana y rural del Plan Estatal de Vivienda 2018-2021. Con él se buscaba intervenir en un área de 938 viviendas, donde residen 1.485 vecinos y, en un principio y según el propio ayuntamiento, el Arru iba a contar de 9 convocatorias (9 años) con un presupuesto máximo de 16.000.000 €.
Para la Asociación era la respuesta largamente esperada, quizás lo mejor que le ha sucedido a Pinilla desde su fundación. Un nuevo comienzo cargado de esperanza, dignidad y futuro.
La Asociación se reunió en infinidad de ocasiones con los servicios técnicos municipales y con el arquitecto municipal que impulsó a capa y espada esta propuesta, sin él no habría sido posible sacarlo adelante. La Asociación de Vecinos asistió a más de 18 reuniones de comunidades para explicar las bondades de dicho proyecto, puso a disposición de los vecinos que quisieran solicitar las ayudas a un equipo de arquitectos de confianza para que les ayudaran con los proyectos, negoció con gestores para que ayudaran con los trámites administrativos e incluso habló con diferentes entidades bancarias para conseguir las mejores condiciones para los préstamos, financiación necesaria para poder acometer dichas reformas.
LA MORALEJA
Se trataba por tanto de rehabilitar un barrio con un importante número de vecinos y vecinas de edad avanzada, lo que posibilitaría que las zonas públicas estuvieran adaptadas a sus necesidades y así puedan disfrutar más del tiempo libre y los espacios comunes.
Lo que pudo ser un renacimiento se ha convertido en un epitafio prematuro.
La tragedia no es solo la pérdida de una subvención millonaria, es la sensación amarga de haber estado a las puertas de un futuro mejor para Pinilla y ver cómo se esfuma entre papeles no tramitados, despachos vacíos, falta de respuestas, balones fuera y exención de responsabilidades «que si fue este, que si yo no fui, que si fue culpa del otro».
El Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo nos ha dejado en la estacada. Todo el esfuerzo, la esperanza y, sobre todo, trabajo vecinal ha quedado ninguneado porque a alguien se le olvidó hacer su trabajo.
Fíjense que aun habiendo remitido la Asociación de Vecinos a la Sra. Alcaldesa en mayo de 2024, un escrito solicitando reunión, recordándole los buenos resultados conseguidos en las dos actuaciones pasadas y haciendo hincapié en que estábamos en plazo de solicitud pero que no podían dormirse en los laureles, parece ser que no le quedó claro y así estamos.
Si algo sí quedó claro en todo este proceso es que los vecinos de Pinilla no se quedaron en el sofá. La Asociación de Vecinos del Barrio de Pinilla fue el verdadero motor de este proyecto, informando, movilizando, apoyando a los técnicos, traduciendo el idioma burocrático a lenguaje humano. Si el Arru despegó alguna vez, fue porque el equipo de gobierno de aquella época, un puñado de vecinos y técnicos municipales empujaron con todas sus fuerzas para sacar este proyecto adelante. A ellos les debemos lo que se llegó a hacer, y por ellos también duele más ver en lo que ha quedado.
Mientras tanto, en el Ayuntamiento… bueno, digamos que la gestión fue tan ágil como una tortuga con reuma. Alguno dice que hubo «problemas administrativos», otros dicen que el técnico municipal no hizo su trabajo (cuando fue el mayor impulsor de esta iniciativa, pero como todo funcionario no puede solicitar algo sin ordenes de arriba), otros dicen que «cuando los demás renuncien ya lo solicitamos nosotros», o «las subvenciones que no se solicitan no se pierden»…, madre mía, la ignorancia es la madre del atrevimiento.
Pero los vecinos lo llamamos de otra manera, dejadez con nombre y apellidos. Cuando una subvención de este calibre se pierde por no mover los papeles a tiempo, lo mínimo que uno espera ya no es una dimisión, es al menos una disculpa sin rodeos. Pero aquí, en San Andrés, los errores administrativos tienen más vidas que un gato y más blindaje que un ministro.
Y así, entre la incompetencia y la desidia, la soberbia y la ignorancia, el proyecto quedó varado.
Los parques arreglados, las placas solares luciendo en la Casa de Cultura, 72 viviendas rehabilitadas y un sistema de apoyo para la extinción de incendios son testimonio de lo que fue posible. Pero también son un recordatorio doloroso de todo lo que pudo venir y no vino.
Nos quedamos sin Arru, sí, pero no sin memoria, y en esa memoria quedará la lección de que los vecinos no fallaron, que el barrio estuvo a la altura y que, si alguien tiró la toalla, no fue Pinilla.
San Andrés podrá seguir mirando hacia otro lado, pero aquí, en el corazón de Pinilla, seguimos mirando de frente, aunque sea con las paredes agrietadas y en las calles hierbas que parecen postes de teléfono.
A ser político se viene enseñado de casa, no se puede pretender aprender a serlo gobernando el tercer municipio más grande de la provincia.
Dos años, solo dos más.
David Martínez González es el presidente de la Asociación de Vecinos del Barrio de Pinilla.