¡Carro a La Virgen!

Máximo Cayón Diéguez
04/10/2015
 Actualizado a 19/09/2019
Tiene puros aires de peregrinaje. Romería y fiesta a partes iguales, su arraigo popular se mide por generaciones. Y aunque las costumbres han mudado su rumbo como consecuencia de la modernidad y el progreso, nada impide que el rescoldo del sentimiento avive cada año la hoguera de la tradición, así que el calendario señala el 5 de octubre, festividad litúrgica de San Froilán.

El Drae define la romería como «viaje o peregrinación, especialmente la que se hace por devoción a un santuario». Y en su segunda acepción precisa que es «fiesta popular que con meriendas, bailes, etc. se celebra en el campo inmediato a alguna ermita o santuario el día de la festividad religiosa del lugar». Ambos significados prestan identidad a los rasgos de esta jornada romera, incardinada de hecho y de derecho en el censo de la religiosidad popular.

Dije antes que las costumbres se han modificado, ateniéndome, por supuesto, al hecho trascendente de que el carro que alentaba el clásico pregón que encabeza estos renglones quedó sustituido por el automóvil. Naturalmente, hablaba de la forma. El fondo es otra cosa. Con su proverbial llaneza, allá por 1980, Antonio Viñayo lo explicaba con una claridad meridiana y convincente: «Hoy las cosas, por esas paradojas tan frecuentes en el ámbito de la religiosidad popular, han cambiado del todo y no han variado nada. La humilde ermita ha sido sustituida por un nuevo templo que ya figura en las antologías del arte. Al capellán-administrador le han sucedido dos comunidades: una de frailes y otra de monjas. El lugar de los carros lo ocupan los autobuses climatizados. El de los borricos, los utilitarios. Pero, la misma Imagen, el mismo fervor y todavía mayor gentío». La evidencia de estas atinadas afirmaciones evita los comentarios.

Fe y devoción sustentan, pues, esta romería que se repite en el tiempo desde el siglo XVI. Sus albores se fijan en el día 16 de agosto, con la fiesta de ‘Las Cantaderas’ como telón de fondo, si nos remitimos al libro de la ‘Pícara Justina’. Algunos autores apuntan también que se celebró el 29 de septiembre, fiesta de San Miguel Arcángel, que es la advocación del arciprestazgo al que pertenece el santuario de la Virgen del Camino, y luego, como ahora, el día de San Froilán, patrono de la diócesis. Ambas coexistieron hasta principios del siglo XX. Al final, como es innegable, la romería de San Froilán impuso su preeminencia. A modo de curiosidad, señalaré que el Príncipe de la Milicia Celestial, es decir, San Miguel Arcángel tiene imagen en una hornacina en la calle central del retablo barroco el antedicho santuario mariano, concretamente, bajo el escudo de armas de Felipe V, el primer rey de la dinastía borbónica en España.

Pascual Madoz, en su ‘Diccionario Geográfico’, [1847, pg. 115], nos aporta algunas claves en relación con este evento: «Se celebran dos romerías en este pueblo, una de San Miguel el 29 de septiembre, y otra de San Froilán, patrón del obispado, el 5 de octubre; ambas son muy concurridas, tanto por gente del país como por los habitantes de la provincia de Asturias; su tráfico consiste particularmente en artículos de primera necesidad. El domingo siguiente a la romería de San Froilán, se titula el Domingo de los Carros, por salir de la c.[iudad] de León infinidad de ellos entoldados con colchas de diferentes colores, y muchas damas y caballeros montados en briosos caballos, sólo con el fin de tener un día de diversión. El santuario de la Virgen del Camino, principal objeto de las romerías, es de los más ricos de su clase en atención a las muchas limosnas que se recogen».

Según la tradición, el 2 de julio de 1505, festividad de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Isabel, la Reina de los Cielos, en forma semejante a la Antigua del Camino, que se venera en la iglesia de Nuestra Señora del Mercado de esta antigua Urbe Regia, se le apareció a Alvar Simón, pastor de Velilla de la Reina. La advocación es hoy epicentro de estos fervores romeros. En 1914, por decisión de la Santa Sede, la sagrada imagen fue designada Patrona de la Región Leonesa. Recibe culto en elsantuario incardinado en pleno Camino Francés, proyectado y realizado por el arquitecto y padre dominico, fray Francisco Coello de Portugal, gracias al mecenazgo de Pablo Díez Fernández y de su esposa, Rosario Guerrero Herrero. Inaugurado el 5 de septiembre de 1961, desde el 24 de febrero de 2009 es Basílica Menor por concesión del Papa Benedicto XVI.

Actualmente, la asistencia a esta romería sigue siendo multitudinaria, gracias a lapiedad popular. Primero, se reza a la Virgen. Luego, se pasa por el camarín a besar el manto. Y, por añadidura, hay que acercarse a la puerta que, en el lado sur, se halla más próxima a la fachada de poniente, donde un relieve broncíneo de San Froilán tiene el rostro brillante debido a la atención que le procuran sus devotos pidiéndole intercesión con distintos fines. Hasta aquí la parte espiritual. El cumplimiento de la tradición profana tiene asiento en la degustación del chorizo y la morcilla, acompañados con el pan de hogaza y el vino clarete de la tierra, y en la adquisición de los ‘perdones’, esto es, de las típicas avellanas. Y es que como decía la mencionada Pícara Justina: «en esta tierra es uso llamar perdones a todo lo que se da en romería, porque se tiene por devoción, como si fuese pan bendito».

A grandes trazos éstas son las coordenadas de la romería que se celebra en la Virgen del Camino en la festividad litúrgica de San Froilán. Hoy son historia tanto las ‘anovenarias’, las viudas negras de Dios que decía Crémer, como aquellos carros engalanados que partiendo de la plaza de Santo Domingo y por el ‘atajo’ de Trobajo del Camino, escoltados por romeros, alcanzaban esta altiplanicie donde sólo había un pozo público, al parecer de escasa potabilidad y, además, carente de ‘aparejo’. Estaba situado enfrente de la puerta del antiguo santuario. En referencia al citado pozo se decía entonces en León: «si no llevas soga, de sed te ahogas». Incluso alguno aventuraba que «la lleves o no la lleves, en él no bebes». Cosas de la retranca leonesa. En las inmediaciones del citado pozo, frente a la actual Casa de Ejercicios, así que la Virgen del Camino baja a la antigua capital del Viejo Reino, es donde los dos legados municipales del Ayuntamiento de León y los dos miembros del Cabildo Catedralicio ceden su turno de puja a los representantes de los Ayuntamientos del Voto, Valdefresno y Villaturiel, y a los de Valverde de la Virgen, que lo hacen por derechos de jurisdicción.

En resumidas cuentas, la romería de San Froilán resulta punto de encuentro y teatro de vivencias personales. De ello dan y han dado cuenta generaciones enteras de leoneses. En su obra ‘Lo que va de ayera hoy’, [1955, pg. 117], José Eguiagaray Pallarés, lo testifica de esta manera: «Multitud de leoneses, en pandilla familiar, iban por un camino, que aún ahora existe y que se llama el ‘atajo’, provistos de sus cestos con abundante comida. En la Virgen no se daba un paso, y la pradera […] se llenaba a la hora del almuerzo con los carros y con los corros de los romeros que se disponían a comer. Otros iban a las tabernas del pueblo o a aquellas que al aire libre, con una mesa y unos bancos y si acaso un toldo, se montaban por todas las calles y callejas de la aldea […] el bullicio se iba apoderando de los romeros y el polvo cubriéndolo todo: objetos, rostros, cabellos y vestidos».
A mí, particularmente, esta visión del célebre médico, escritor y político leonés, me retrotrae a los predios de mi infancia. Y reverdece en mis recuerdos huellas imborrables.

Máximo Cayón Diéguez es el Cronista Oficial de la ciudad de León
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