El día 23 de abril es el Día de la Comunidad de Castilla y León, que señaló esa fecha por considerarla un momento de enorme esplendor en el devenir histórico de la región. Ese día de 1521 los llamados Comuneros de Castilla fueron estrepitosa y humillantemente derrotados por las tropas de Carlos I en la batalla de Villalar (la guerra de las Comunidades siguió unos pocos meses más). Al día siguiente fueron ejecutados los tres principales cabecillas, cuyos nombres se dicen de carrerilla: Padilla, Bravo y Maldonado.
Esta guerra de los Comuneros ha dado lugar a muchos estudios con conclusiones muy dispares. Algunos autores la señalan como una revuelta del pueblo contra la tiranía del poder del rey, mientras que otros aseguran que, en realidad, fue una insurrección promovida por la alta burguesía urbana y las aristocracias más poderosas, que temían verse obligadas a pagar más impuestos al retirarles el nuevo rey sus privilegios medievales; otra causa que se apunta fue la gran cantidad de extranjeros que Carlos de Habsburgo colocó en cargos de relevancia; lo curioso es que, posteriormente, gran parte del pueblo llano se levantó contra sus señores, pues estos habían apoyado en principio la revuelta y luego se pusieron del lado del rey (pensaron que mejor pagar más que perderlo todo). Lo cierto es que al llegar Carlos I al trono quitó beneficios medievales a los grandes terratenientes, nobleza y burguesías urbanas, o sea, les dijo que a pagar todo el mundo, cosa que los más pudientes no iban a consentir. De este modo, aquellas élites de las ciudades proclamaron que el levantamiento era contra el absolutismo del hijo de Juana ‘La loca’ y contra la imposición de extranjeros en los altos cargos… Sin embargo, nada de esto era cierto. ¿Acaso no llevaba siglos la población soportando y aceptando como lógicas y por designio divino las monarquías absolutas?, ¿y no lo seguirían aceptando mucho después?, ¿de verdad importaba al pueblo llano, al campesino o al panadero, que quien mandara fuera español o foráneo? El ‘casus belli’ fue, en fin, la negativa a pagar de los que más tenían, así como la oposición de las aristocracias a perder poder; el caso es que éstos no tuvieron dificultad en embaucar a unos cuantos cabecillas que, a su vez, arrastraron a parte de la población.
A pesar de todo, Castilla y León escogió tal fecha como el Día de la Comunidad en 1986, dando a entender que tan añejo territorio no había visto ningún hecho más glorioso, heroico o trascendental a lo largo de su larguísima Historia, nada que festejar mejor que aquella patética derrota de nulas consecuencias. Por ello (entre otras razones) no puede extrañar que León jamás se haya sentido atraído por esa fiesta ni haya tenido representación significativa en Villalar de los Comuneros cada 23 de abril; es más, lo raro es ver allí leoneses. Y por si fuera poco, conmemora a los Comuneros de Castilla, de Castilla, no de León. En resumen, como en casi todas las revoluciones que en la Historia han sido, la causa principal, la chispa, la mecha y la pólvora fue el dinero, no esos presuntos idealismos que de ningún modo existían en las mentalidades de hace cinco siglos.
Sea como sea, parece poco inteligente señalar como la fiesta de un territorio un hecho con orígenes tan difusos y un final tan amargo.
Pero dejando aparte las causas de la revuelta (que, como en toda revolución, siempre son mucho menos elevadas que lo que algunos desean), lo verdaderamente asombroso es que se haya convertido una derrota tan aplastante en una fecha a recordar como la más importante de la historia de un territorio, en su hecho más glorioso, significativo y meritorio. Vamos que, según quienes consagraron ese día, lo mejor de la Historia de León y de Castilla, lo que más debe mover al orgullo de sus nativos, es un desastre, un fracaso, un sacrificio inútil. Es como si Estados Unidos eligiera como su fiesta nacional el día del bombardeo a Pearl Harbour, Alemania lo hiciera con el de la firma de su rendición en 1918 o en 1945, o España escogiera la catástrofe de Trafalgar en lugar de la victoria en Lepanto (por ejemplo).
Importante es subrayar que el movimiento comunero no tuvo la menor consecuencia, es decir, todos los que murieron en el campo de batalla, así como los mencionados líderes que dejaron su vida en el cadalso, se sacrificaron por nada; todas las ciudades que se rebelaron volvieron inmediatamente a someterse a la autoridad real, es más, las más destacadas en la rebelión perdieron peso político. Eso fue todo. La Historia siguió su curso sin que aquellas muertes tuvieran lo más mínima repercusión; como mucho, la pérdida de influencia de las élites, las cuales, eso sí, recibieron compensaciones económicas por sus pérdidas que (como cabía esperar) salieron de nuevos impuestos al pueblo.
Mejor que homenajear aquella triste fecha (y sin entrar en lo de ‘León solo’), como fiesta grande de León podría pensarse en alguna de las grandes ocasiones de la Historia del Reino de León. Así el 26 de mayo, pues tal día de 1135 Alfonso VII de León se coronó en la Catedral Imperator Totius Hispaniae. O el 27 de abril, pues ese mes de 1188 Alfonso IX de León convocó en San Isidoro de León las primeras cortes con representación ciudadana de la Historia, y parece que ese día 27 se daban a conocer los resultados.
Y el 20 de diciembre, cuando en 910 García I se convierte en el primer Rey de León. Bueno sería el 12 de diciembre, pues ese día del año 914 el emblemático Ordoño II fue coronado Rey de León. ¿Y qué tal el 6 de noviembre, recordando que el mismo de 931 el poderoso Ramiro II es ungido como el sexto Rey de León? Acertado podría ser cualquier día de julio (¿fue el 30?) que recuerde que en 1017 Alfonso V ‘El Noble’ proclamó el Fuero de León (hay estudiosos y catedráticos que sostienen que es el primer texto legal de toda Europa que contempla derechos fundamentales del ciudadano)… Sería fácil enumerar unas cuantas más.
En fin, Castilla la Vieja seguirá alegrándose y celebrando aquella derrota y olvidándose de otras fechas y ocasiones verdaderamente memorables, victoriosas, gloriosas. Pero León debería poder recordar y celebrar hechos significativos de su milenario devenir que merecen el recuerdo, momentos que ‘hacen León’ y que, sin duda, repercutieron en la Historia. No en vano, «sin León no hubiera España».
Argumentos contra el 23 de abril de Villalar y propuestas para León
23/04/2015
Actualizado a
17/09/2019
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