El gesto de recibir la ceniza no tiene nada de mágico, pero es muy significativo. Es cierto que ha sido interpretado como un recordatorio de la cruda realidad del final de la vida humana, reflejada en las palabras del Génesis: de la tierra «fuiste sacado, pues eres polvo y al polvo volverás» (3,19). Pero, sin excluir del todo esa referencia a la conversión. Por eso la Iglesia, al imponer la ceniza, prefiere decir: «Conviértete y cree en el Evangelio» (Mt 3,2), o sea, en las promesas del Señor que dijo, por ejemplo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» (Jn 6,35). Esta frase explica también el sentido de la privación de algún alimento durante la Cuaresma, en concreto el ayuno y la abstinencia. El principal significado de estos nuevos gestos, sin excluir el aspecto penitencial y caritativo, está en la misma línea de lo que es la Pascua, es decir, dejar un alimento material para nutrirse con el que nos da la vida eterna. Y, de la misma manera, abandonar actitudes, situaciones, realidades de pecado, mediante el arrepentimiento y la recepción del sacramento de la Penitencia. Todo esto significa la conversión en el tiempo favorable que va a comenzar.
Pero la conversión comprende también aspectos muy concretos de nuestra vida. Cada uno sabe cuáles son estos. En términos generales, mirando a nuestra realidad pastoral diocesana, permitidme invitaros a que os preguntéis de qué modo estáis viviendo el objetivo central de este curso, la alegría cristiana, personalmente, como familia, como miembros de una comunidad o parroquia, como sacerdotes, como consagrados/as, catequistas, colaboradores en otras tareas eclesiales, etc. ¿Estáis, estamos todos, esforzándonos lo suficiente para hacer realidad lo que pide el programa pastoral tanto en el ámbito general de la evangelización como en el específico de cada grupo eclesial o comunidad? ¿Qué aportamos y con qué talante lo hacemos, a la renovación de la misión y de las estructuras diocesanas, parroquiales, etc., y a otras previsiones señaladas en los respectivos programas pastorales?
El papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, titulado ‘Fortalezcan sus corazones’ invita también a la conversión ante la globalización de la indiferencia recordando que la conversión exige, sobre todo, un cambio de mentalidad y que se traduzca en hechos concretos para no reducirse a palabras que se las lleva el viento.
Con mi cordial saludo y bendición.
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