En el año 1514 el rey Fernando el Católico autoriza que el antiguo hospital de peregrinos, mandado construir por doña Sancha, en las proximidades del puente sobre el Bernesga, Casa Mayor de la Orden de Santiago en el Reino de León, se reforme. Con esta autorización, y los mil maravedíes al año, asignados por el rey, se iniciaron las obras del edificio.
A mitad de la construcción, es decir, cuando se había levantado la iglesia (sin rematar del todo), el cuerpo de fachada que va hasta la puerta principal y los lados del claustro adosados al templo y a dicho cuerpo, la comunidad lo abandona. Se van por desavenencias con el rey por la rivalidad sobre la primacía con los monjes de Uclés y se trasladan a Calera de León, en el territorio de Tentudía, zona conquistada a los musulmanes por la Orden de Santiago de León a finales del siglo XII. En 1613 volvieron los caballeros de la Orden a León y continuaron las obras. Se terminó el claustro principal, se completó el cuerpo de fachada hasta el río y se construyó un segundo claustro en la zona nueva.
El convento se abandonó en 1837 al aplicarse la Desamortización, pasando desde entonces hasta los años sesenta del siglo XX por diversos destinos. El 24 de septiembre de 1845, a instancias de la Comisión Provincial de Monumentos históricos y artísticos de León, por Real Orden se resuelve sea exceptuado de la venta de Bienes Nacionales. A pesar de ello va a tener diversos destinos, algunos impropios, como recoge Fernando Llamazares: A partir de 1948, Instituto Escuela de Veterinaria, Casa de la Compañía de Jesús. En 1870 habitación para un batallón de voluntarios. En 1874 hospital para enfermos bajo la advocación de san Antonio. En 1875, el destino pudo haber sido trágicamente definitivo, pues el Ayuntamiento de León solicitó permiso al gobernador civil de la provincia para llevare a efecto su macabra idea de derribo absoluto del edificio. Para salvar el monumento fue cedido en 1879 a los Padres Escolapios, que establecieron aquí su casa de estudio hasta 1892, fecha en que el edificio pasa a manos del Ministerio de Fomento, el cual lo cede en usufruto al de la Guerra.
A causa de este último destino, desde 1936 hasta 1940, fue un campo de concentración de prisioneros republicanos, que según W. Álvarez Oblanca y S. Serrano llegó a acoger a más de seis mil presos. Posteriormente fue cuartel de caballería.
A principios de los sesenta el INI lo adquiere para transformarlo en un hotel de lujo al estilo del Hostal de los Reyes Católicos y con el mismo sobrenombre Hostal de San Marcos,
En ese momento se iniciaron los grandes desastres. Primero desapareció cualquier resto que quedara del mobiliario original. Todo el contenido del edificio, perteneciera al ejército, a la Orden de Santiago o a los distintos destinatarios que pasaron por el edificio, desapareció.
Se demolió el claustro barroco y las dependencias asociadas al mismo, posiblemente para llevarse por delante algunos de los restos del campo de concentración. Con ello, fuera por lo que fuera, el monumento quedó mutilado, perdió una gran parte de su idiosincrasia. Se hicieron algunas otras reformas, como cambiar el sentido del primer tramo de la escalera principal que, aunque modificaron parte de la esencia del antiguo convento fueron, en cierto sentido, respetuosas con el edificio.
De la reforma actual solo conozco las fotos que aparecen en la prensa y algunas críticas muy respetables como la que ha hecho sobre ella el arquitecto Eloy Algorry en Radio León y de todas ellas solo puedo deducir que la reforma puede ser un fracaso. Cuando alguien piensa en hospedarse en un hotel, que ha sido un antiguo convento, espera encontrar en dicho hospedaje el ambiente y el espíritu del mismo, sin renunciar a las comodidades del momento: Sin embargo, los que se hospeden en el Parador (ya no es Hostal, según la publicidad) se van a encontrar una obra moderna sin alma y sin la nobleza esperada.
Pero siendo esto terrible, lo peor es que se ha convertido en un museo para pudientes, pues solo los que puedan pagar las habitaciones están autorizados a pasar más allá de la cafetería, es decir, solo ellos tienen acceso al resto del edificio y a disfrutar de la galería de pinturas que se ha creado en las zonas reservadas.
Si todo los cuadros y el resto de las obras pertenecen, como se dice, al patrimonio de paradores, es decir, al patrimonio nacional, ¿Cómo es posible que solo puedan verlas los que paguen los 180 € que, más o menos, cuestan las habitaciones?
Este elitismo, este concepto, ha terminado por arruinar el monumento y dejo para otro momento preguntar a donde han ido todos los elementos que se desmontaron; posiblemente al mismo sitio que lo desaparecido en los años sesenta. Todos nos imaginamos a donde.
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