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Tres pueblos en las afueras

10/09/2026
 Actualizado a 10/09/2026
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Les voy a contar una historia de tres pueblos en las afueras de una ciudad de provincias. O muchas historias, agrupadas, unidas, juntas, nacientes en tres lugares muy concretos, pero disfrutadas en todo un universo. Éste no tiene florituras, no es enorme ni infinito ni fue generado por ninguna explosión, no posee agujeros negros ni son necesarias naves para recorrerlo, no se destaca por su trasiego, pasado el mes de septiembre podría decirse abandonado, tampoco tiene atracciones ni recreativos destacables para las grandes masas sociales, no hay turismo como tal, ni visitas, ni ofertismo, podría denominarse como un turismo familiarizante. Este universo destaca por su simpleza, por su simplificación hacia las pequeñas cosas, los pequeños momentos, las pequeñas experiencias, las pequeñas personas de un lado y otro, las pequeñas vivencias que ocupan día tras día, las pequeñas bromas, frases, o pasajes inconfesables para el gran público; todo pequeño, pudiera parecer. Este universo es capaz de acoger el todo en la nada, para que a ojos del aventurero, ansioso de regresar, sea lo único en lo que poner los esfuerzos. Este universo es un mentiroso, porque en realidad es colosal.

Nunca lo valoramos, nunca lo pensamos, porque puede que ni tiempo para ello tengamos, optimización se le llama, pero cómo nos preparamos, cómo nos hicimos, gestamos y experimentamos para llegar a tal destino. Unos se juntaron por biología, otros por que vivían al final de la calle, otros porque eran niños inseparables, otros porque eran del mismo pueblo y los padres formaban un mismo grupo, otros llegaron a ese pueblo, otros fueron acogidos de otro pueblo, otros llegaron mayores, adolescentes o niños, otros se cruzaron cientos de veces pero se quieren desde hace poco, otros se conocieron de fiesta, de coña o por ser la versión junior del amigo pero ahora se tratan como de toda la vida… Unos y otros con sus vidas y sonrisas, con sus felicidades y problemas, pero que el pueblo decidió que un verano cualquiera disfrutaran en el agua de una piscina, en las calles de una fiesta, en los karts destartalados, en el sofá de una casa, en las películas de un Nolan, en el eclipse que fundió todo a negro, en las barbacoas y retiros, en las palas de un pádel, en los viajes de un caos añorado, en los recuerdos postvacacionales de un agosto… Todo fue para esto.

Como todo verano, como toda época y semanas, nos abordaron los días agobiantes por querer hacer todo y serlo todo aquí y allá, por no desperdiciar los instantes brindados. Hubo su aburrimiento, esos lapsos apócrifos, improcedentes e insustanciales, pero todo descanso ha de tenerlos. Y aunque ahí se sintieran superfluos, ojalá seguir viviéndolos una y otra vez, porque al menos estábamos. Las historias de estos tres pueblos, y unos cuantos más, se unieron para formar todo un verano, unos grupos dispersos en este universo, que se saludaban, hacían, deshacían, jugaban, bromeaban, y que sobre todo, disfrutaban de lo que unos y otros podían aportarse. Sin edades, sin diferencias, compartiendo una misma tierra, un mismo tiempo, un mismo verano. Hermanos, viajantes, amigos, desconocidos que ahora son conocidos, amigos o queridos; personas de las que duele despedirse hasta el próximo, a las que duele no tener para estar esta tarde o noche.

Llegará el día en que nuestro tiempo, como consiste este eterno ciclo del pueblo, se transformará, nos situaremos en el otro lado de la tribuna, se basará en el sacrificio; una responsabilidad constante y desinteresada para hacer que otros disfruten de esto mismo, ayudar a que este espíritu y sentimiento común aflore desde la niñez y más allá. Sí, esos que llevarán su propio nombre, y nuestro apellido. Aquello que hicieron por nosotros, para aquello que somos ahora. Llegará el día en el que seamos nosotros los que nos hagamos ese selfie paterno motivo de chanzas o nos agarren del brazo para meternos en el chachachá del tren, pero, por supuesto, sin soltar ese cubata de 43 que “cómo puedes seguir bebiendo eso papá, que es de viejos”. Pero por lo pronto, he aquí uno más, la historia de estos tres pueblos continuará: os quiero mucho, niños.

Pd: los tres pueblos empiezan por “villa”, atrévanse a encontrarlos.
 

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