El día que el director de este periódico me pidió que me ocupara de la información de San Andrés del Rabanedo (honestamente no recuerdo si exactamente me lo pidió o sabiendo lo que se cocía en el municipio mejor que yo la conversación fue diferente) lo cierto es que me hizo hasta un poco de ilusión. Solo la ausencia de una Facultad de Comunicación en Trobajo del Camino y una temporada a caballo entre El Ejido y Paraíso Cantinas han evitado que haya vivido la totalidad de mi vida allí. Contar lo que le pasa a tus vecinos y tratar de echarle una mano, si es que es posible, a través de darles un altavoz es sin duda una sensación reconfortante dentro de una profesión en la que pocas cosas te lo hacen sentir.
Sin embargo, es muy posible que esa ilusión me durase mucho menos de lo que lo hace un pleno en el ayuntamiento. Me gusta comenzar mis crónicas de las asambleas con su duración, en busca de un récord que creo que batimos el pasado jueves con más de siete horas de ‘función’ en la que prácticamente no faltó de nada. Mi compañero Alfonso, encargado de la información de León, se acuerda siempre de mandarme un mensaje cuando acaban los plenos en el ayuntamiento de la capital. Una media hora después de haber empezado. Lo sigue habitualmente de varios emojis de una cara llorando de la risa. No le culpo, yo haría lo mismo. En cualquier caso lo que ocurre en San Andrés no ocurre en ningún ayuntamiento de España y no solo por la duración de sus plenos, donde desde luego no se puede decir que los concejales cumplan con el expediente para cobrar la dieta (¡sean algo más egoístas, coño!). No voy a decir yo que el pleno sea como el vestuario del Real Madrid, eso son palabras mayores, pero digamos que las tensiones e incluso las faltas de respeto están también en el orden del día. Pronto dos concejales se verán las caras en el juzgado y el pasado jueves hasta interventor y secretario protagonizaron una acalorada discusión.
Esperemos que no se lesione ninguno, que no está el consistorio para prescindir de personal. Ni los unos desempatan, ni los otros ayudan a hacerlo. La conclusión se encuentra dándose un paseo de Trobajo a Villabalter, pasando por San Andrés y Ferral. Aquí los que pierden son los de siempre.