El trazo de Sorolla

10/06/2025
 Actualizado a 10/06/2025
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Hay idiomas más allá de las palabras y es algo que sientes cuando miras. Todo un relato se desliza desde esa visión escueta, que no espera ir más allá ni más acá, pero que sin buscar encuentra. Sorolla escribe con un pincel cada pensamiento, y mantiene una conversación con quien se acerca a él, reconvertido ahora en berciano, desde las paredes de una Térmica Cultural que, al igual que el artista, vuelve al hoy desde un pasado en el que se dejó la piel al tatuaje del tiempo. Y es que, viendo cada trazo, uno sabe que no podría vivir sin ese óleo estudiado de levante, que va más allá de la Malvarrosa o de la Catedral de León, que con un caballo y un perro construye toda una historia que merece la pena tener cerca. Joaquín para los amigos se acerca a Ponferrada construyendo un hito. Es algo único que usa las entrañas industriales del carbón para sacar la cabeza como un parto de luz que, desde su trabajo de iluminador fotográfico, identifica sus lienzos. Permite un viaje en el tiempo y hacia el tiempo, porque, en un devenir mágico, casi insultante de modernidad, permite sentarse al lado del artista en su estudio antes de 1.900. O estar frente a Clotilde, tan retratada ella por la mágica cámara de fotos establecida en los ojos de su marido y su hija María caminando por la orilla del mar en la playa de Valencia. Ese paseo virtual llega a desnortar a esa imaginación que se revela ante el discurso hecho ya. La tecnología casa bien con la novedad pero es barbarie ante el despegue del pensamiento propio. Es facilitar el fluir, hacerse muleta con las piernas fuertes para correr maratones. Algo innecesario que saca pecho desde su propia modernidad, pero que frena el extraordinario cerrar de ojos para volar entre lo concluso que ofrece la capacidad artística de otro.

No es que lo virtual tenga que quedar fuera del diagrama de poesía que encabeza el color encadenado para parir una imagen que despierte una sensación, pero se convierte ya en una necesidad sin la que la retina se desubica. Sorolla es color, luz, lienzo, historia, antropología, cercanía, tradición, estudio. Era el respiro ante el mar, la angustia frente a la muerte, el testigo de un retrato...Y es una conversación abierta sin envoltorios, aunque tal vez eso sea un discurso paternalista y vintage. Dejemos pasar esa ola, y levantemos los pies si no queremos que nos moje, pero siempre, mirando al mar de Sorolla, desde una cometa cosida a mano alzada.

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