Jorge Brugos

La trans apalizada y la mujer sacrificada

30/03/2026
 Actualizado a 30/03/2026
Guardar

La pasada semana, en La Bañeza, unas cafres agredieron brutalmente a una mujer trans, Bianca Fernández, cuando se disponía a ir al aseo de una discoteca. Hace unos días, Noelia Castillo puso fin a su vida con el suicidio asistido tras un calvario procesionario detonado por un martirio grupal libidinoso cuando estaba en un piso tutelado. Dos historias de dos mujeres, dos episodios que reflejan los síntomas de un sistema que va camino de ser fallido: una sociedad que no es capaz de educar en el respeto y en la esperanza podrá ser una maquinaria despersonalizada que tritura humanidad, pero no es una civilización. 

Leía en el libro de ‘Los Hechos de los Apóstoles del Evangelio’ y no pude evitar sentir cierta envidia, de la mala, de esa que dicen que es el peor pecado, al leer un versículo que rezaba que los primeros cristianos «compartían todo con todos». Habrá el que piense que es comunismo, no se pongan nerviosos. No sé lo que es, en esa época no existía ni el marxismo y no había ni zares en Rusia. Lo que sí sé es que nos iría mucho mejor, empezando porque en los tiempos en los que un servidor está escribiendo estas líneas se ha olvidado la fraternidad, conjugamos la vida en primera  persona. Vamos a nuestra puta bola, hasta tal punto que nos hemos olvidado hasta de la bola. 

Por eso Noelia tenía unos padres que en lugar de abrazarla con el amor que se les presupone, la repudiaron con una profunda disputa por ver quien pagaba el funeral. Llevaron a la máxima expresión ese reclamo tan paternal del libre albedrío infante que dice «haz lo que quieras mientras no me cueste dinero». Hemos fracasado y fracasamos cada vez que no somos capaces de dar esperanza, si no podemos  dejar nuestras historias y participar en las miserias de alguien cuya intervención puede hacer que esa historia pase de ser una tragedia a un relato del optimismo. 

Si no viviéramos encerrados en nuestra caverna de las sombras de los prejuicios, quizá nuestra paisana Bianca no tendría el cuerpo amoratado y nadie le habría tocado un pelo. Si el suicidio de Noelia es un sintoma de una mujer devastada por la soledad, la paliza a la leonesa fue un ataque a quien consideraban una apestada exiliada del mundo a quién querían condenar a estar sola por ser diferente. Nos miramos tanto a nosotros mismos que en la fábula de Platón, hoy los cavernarios no verían ni su propio reflejo.

Lo más leído