Estoy en Cataluña en estos primeros días de septiembre. Durante once años fui profesor en Tarragona. Conservo una buena relación con algunos compañeros y estoy en un grupo de ‘WhatsApp’ de muchos profesores. Nunca imaginé que la educación catalana pudiera llegar a este caos. Cometieron el error de hacer trampas en la selección de la muestra para informe Pisa, excluyendo un porcentaje de alumnos muy superior al que permiten las normas internacionales de la OCDE. Eran 2.545 los estudiantes que tenían que realizar la prueba y ellos excluyeron a 591, dejando solamente 1954 alumnos. Eso supone una alteración del 23.20 % sobre los criterios establecidos, que en ningún caso deberían superar el 5 %, y que afecta a los 51 colegios implicados. La consecuencia de esta trampa es terrible, porque Cataluña no podrá comparar resultados de Pisa 2025 con los de las ediciones anteriores. Esta debacle resulta especialmente delicada porque llega después de que Cataluña registrara en la anterior edición de Pisa (en diciembre del 2023) sus peores resultados históricos, con descensos en matemáticas, comprensión lectora y ciencias. La imposibilidad de disponer ahora de una comparación fiable impide conocer si la evolución del sistema educativo catalán ha continuado en la misma dirección o si se ha producido alguna mejora. Cataluña ha quedado excluida del análisis principal y la comparativa del Informe Pisa 2025 debido a un fiasco sin precedentes en la selección de su muestra de estudiantes. Como consecuencia, aunque los resultados globales de la OCDE se publicarán el 8 de septiembre de 2026, los datos catalanes llevarán una advertencia oficial que impedirá compararlos con otras ediciones o regiones. Los motivos alegados por los 51 institutos catalanes elegidos fueron supuestos trastornos cognitivos, conductuales o emocionales (493 casos) y dominio insuficiente de la lengua (92 casos). El Ministerio de Educación de España llegó a alertar formalmente a la Generalitat hasta en siete ocasiones de que su muestra no era válida, avisos que no llegaron a ser gestionados correctamente por la cúpula educativa autonómica. En un principio la disculpa era que los centros educativos aplicaron criterios de exención extremadamente laxos, como ocurre en las pruebas internas de la Generalitat, en lugar de seguir la estricta normativa internacional de la OCDE. Son disculpas de tramposos. ¡Qué vergüenza para el profesorado catalán! Carlos Silva, presidente de Docentes Libres, responsabiliza exclusivamente a la Generalitat del error. «Eso es una excusa peregrina para no asumir su culpa». Y añade: «Las políticas actuales que han llevado a Cataluña al desastre están en el ADN de los partidos de izquierda, tanto del PSC como de ERC. Veo difícil que la educación catalana supere el desastre si no hay un cambio de gobierno». Nadie se cree esas disculpas. Jordi Satorra, presidente de la Asociación de Directivos de la Educación Catalana (Axia), también descarta una confusión de porcentajes. «No se indicó un porcentaje concreto de exclusión y las consignas daban margen a muchas interpretaciones. Es muy sospechoso que todos los centros apliquen el mismo porcentaje».
Finalmente se han rendido y han reconocido los errores. Esther Niubó, la consejera de educación, asume responsabilidades por el fiasco en la selección de la muestra del informe Pisa. A una semana de la vuelta de los alumnos a las aulas, Esther Niubó, ha confirmado el cese de la secretaria general del Departamento, Teresa Sambola, con esta frase: «Ha habido personas que no han estado a la altura de las responsabilidades que tenían asignadas».
El curso escolar 2026-2027 arrancará en Cataluña con un doble frente abierto para el Departamento de Educación: la conflictividad laboral, que amenaza con llevar a los docentes de nuevo a las calles el 8 de septiembre, primer día de clase, y las consecuencias de las trampas en las pruebas del informe que ha dejado a Cataluña fuera de Pisa y sin resultados comparables con los de anteriores ediciones. Creo que este tema aún no se ha cerrado, habrá más capítulos y Esther Niubó podría estar en el último. El tiempo nos dirá…,
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