Con el comienzo del otoño llegan las fiestas de San Froilán. Ya no me da tanta pena que se acabe el verano cuando el olorcillo a morcilla y rosquillas se me cuela por las fosas nasales y me acaricia dulcemente. Y qué bonita se pone la ciudad durante esos días: el mercado medieval, los pendones, los carros… Se respira cultura y tradición a cada paso. Y eso que siempre asaltan algunas dudas cuándo ves todo eso. Dudas que, en general, no te explican en ningún sitio. ¿Por qué mayoritariamente los colores de los pendones son rojo y verde? Las cantaderas y las cien doncellas ¿son lo mismo? ¿no? Porque no salen juntas pero están cerca, al menos el domingo. Respecto a las cien doncellas escuché preguntar si eran las del minotauro… Pero oye, qué bonito el despliegue. Las señoras vestidas de medievales con sus gafas de sol medievales, sus bolsos medievales, sus teléfonos móviles medievales… Los grupos de bailes regionales también es otra maravilla digna de ver. Participar es más complicado. Puede que no todos, pero algunos por lo menos, cuando te acercas a preguntar información para ver si puedes unirte, te ignoran.
No me malinterpreten. Me gustan mucho las fiestas de San Froilán, pero creo que no se les da el valor que se merecen. Durante unos días aparecen cosas tradicionales que, si tienes la suerte de tener abuelos y pueblo que te las expliquen bien, si no, solo es colorido, y más si no se cuidan los detalles: cierta uniformidad en los desfiles, ajustarse al periodo histórico (caballeros medievales luciendo la flor de lis en el escudo, me da que no) y crear cantera, porque sin cantera, esto es complicado de mantener. Se continuarán los actos, pero sin mayor sentido, y este vacío, al final, los hará desaparecer. Vemos los grupos de bailes regionales, pero ya nadie sabe bailar esas danzas. Dónde aprenderlas ¿en los colegios? ¿en las academias de baile?... Los trajes. Nadie tiene algo así guardado esperando a estas fechas para lucirlos. La música. Las canciones de los grupos de bailes regionales tienen más lecturas de lo que a primera vista parecen, pero cómo para buscarles dobles sentidos cuando solo las escuchas esos días. De nuevo, dónde aprenderlas: ¿en los colegios? ¿en extraescolares?
No solo pasa con las actividades concretas de San Froilán, la falta de cuidado por lo nuestro es palpable durante todo el año. El cuidado por la cantera, a la que hacía referencia antes. Resulta difícil que a un niño le pueda gustar jugar a los bolos leoneses, si para que te dejen jugar primero hay que federarse. El tema es que esto, como con muchas cosas, primero tienes que probar para que te piques y quieras seguir. Los que tienen suerte, tendrán un abuelo que les enseñe, los demás, pasarán al lado de las boleras sin mirar siquiera. Y en este caso, no cuenten con los colegios: el día del taller de juegos autóctonos, los bolos leoneses no aparecen.
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