Lina Khalaf habla balbuceante, subida al escenario, azorada. Quizá en ese momento quisiera desatar su lengua, que le parece torpe, enredada en las palabras que le enseñaron sus padres. Tal vez desearía olvidar el idioma de los bárbaros que destruyeron su casa, uno de ellos, vecino puerta con puerta, con el que hasta el día del desastre, solía departir en animada charla, frente al puesto de frutas y verduras en el zoco al-Hamidiyah, el más famoso de Damasco. Pero las guerras devoran la memoria.
O tal vez, Lina deseara hablarlos todos. Le han dicho que en ese Instituto de Armunia se hablan muchas lenguas. Quisiera en ese momento dar gracias en todas ellas. Las miradas acogedoras de todas esas personas desde sus butacas, son caricia que agradece después de tantos kilómetros polvorientos de huida salvaje.
Pero ahora se encuentra a salvo. Y quiere agradecer ese premio que le han dado a la casa donde reside, su nuevo hogar. ‘La Fontana’.
Lina, no es necesario el don de lenguas, el brillo conmovido de tus ojos trasciende fronteras.
El premio se lo ha entregado el Instituto Antonio García Bellido, donde ahora, estudian sus hijos.
«El árabe no sirve para nada», me decía uno de ellos, cuando le mostré mi interés por conocer algún palabra de su idioma, durante las clases donde intento enseñarle español. Quise disuadirle apelando a la importancia de no olvidar su origen.
Quizá piense que el suyo es un idioma de guerra y desarraigo. ¿Y qué idioma no lo es? Si a menudo lo disparan lenguas dardo sin alma que ven en la tierra fosas alimentadas con la semilla del odio excluyente
«Es una lengua en desuso condenada al destierro» decía un profesor de francés, reacio a celebrar la semana de la francofonía en uno de los centros españoles educativos donde ha desembarcado. En el nuestro hay dos franceses.
Algunos lo están celebrando con ganas, con la rebeldía del revolucionario ilustrado que ha tomado la Bastilla. «Su majestad inglesa extiende su manto lingüístico para conquistar el mundo». Y la diplomacia ahora para los franceses , aunque también la conquista y glamour son galos, que hasta los más feos como Cyrano de Bergerac, saben embaucar con palabras aduladoras. Y que no sean ‘kisses’ de queso los que se escapen de los labios al besar al amante insinuante, sino dulces y tiernos ‘bisous’. Que hasta los labios se unen para pronunciar el vocablo antesala de une ‘nuit d’amour’ mientras escuchan ‘La vie en rose’ en los dulces trinos de la Môme Piaf.
‘Vie, rose’. Hay palabras que deberían aprenderse en todos los idiomas.
En una entrevista que le hacían a la periodista siria, Samar Yazbek, refugiada en París por su lucha por la libertad, contestaba pensando en el futuro «Rêvons avec espoir».
Vie, rose, rêvons, espoir…
Definitivamente. Hay palabras que deberían aprenderse en todos los idiomas.