22/10/2025
 Actualizado a 22/10/2025
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La verdad es que en estos tiempos que corren no hay miedo de enfrentarse al folio en blanco por falta de tema. El espectáculo de la vida humana se ha salido del carril y desmadrado corre campo a través por paisajes distópicos a rabiar. Cualquier observadora podría rentabilizar, literariamente hablando, esta locura, minuto a minuto llenando folios sin tregua ni descanso.

¿Se acuerdan de ese futuro ideado por George Orwell en la emblemática novela titulada 1984?  

George construía su distopía en torno a tres puntos fundamentales. El primero era una sociedad donde se manipula la información. El segundo era una sociedad donde se practicaba la vigilancia masiva. Y el tercero: la represión política y social, y todo esto en un paisaje de guerra y decadencia.

¿Quién iba a imaginarse que aquello era una auténtica premonición?

Y que el último fin de todo el tinglado que se pone en marcha en torno a estos tres puntos no es otra cosa más que dar satisfacción a los distintos tipos de naturaleza que habitan en las élites que lo han ideado. ¿Y quiénes son esas élites?

Por un lado están los oportunistas forjados a la antigua usanza, los clásicos vividores casposos: ladronzuelos y puteros de la peor calidad, engominados y bien vestidos, cuyo último fin es dar buena cuenta de los placeres del mundo al animal que habita en ellos y que se adhieren a la ocasión como lo hacen las rémoras, tan pronto pasa a su lado. Se suelen creer muy listos.

Por otro lado, están los adictos al poder, más refinados, normalmente sin escrúpulos. Manipuladores, mentirosos y ladinos. Hace pocos días hemos oído a uno de ellos decir con descaro que mentir no es delito. Hacen cosas tremendas como infiltrarse en los sistemas corrompiéndolos, llevándolos a unos extremos de ineficacia cuyas consecuencias, terribles, son la desolación y la muerte: véase el sistema de salud pública de Andalucía, Valencia ante la Dana, Galicia con el Prestige, Canarias con el Teide y más y más y más piedras preciosas para hacer un largo collar. Estos se suelen creer muy importantes.

Y luego están los que en la historia de Orwell se llaman Gran Hermano y que, si son viciosos o adictos al poder, casi es lo de menos, quedando esto en segundo plano porque su característica fundamental es una chifladura perversa; son auténticos depredadores de la razón, las antípodas de lo humano, bestias que emergen del inframundo y nadie sabe ni por qué ni para qué. Y son así como Trump, como Elon Musk, como Putin, como Kin Jong, Milei, Isabel D. Ayuso, Netanyahu, Bolsonaro, Maduro… La lista es insufriblemente larga. Estos se creen que son Dios.

Y también estamos todas las demás dándole juego a esta pandilla de perversas. Al otro lado de la élite, enardecidas en nuestra ignorancia, con cualquier aullido del Gran Hermano.

Volvamos al principio de este aburridísimo artículo de opinión que he perpetrado hoy: Si pertenece usted a una sociedad donde se manipula la información y se deja manipular, donde se practica la vigilancia masiva y se deja vigilar, y donde se reprime política y socialmente y se deja usted reprimir… todo lo que le pase, se lo ha ganado a pulso, pero esto no es lo peor; lo peor es que renuncie tan sumisamente a todo lo que no le pasa y que, por derecho propio, le debería de pasar.
 

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