Secundino Llorente

Toscana, un privilegio para unos pocos afortunados

30/04/2026
 Actualizado a 30/04/2026
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El primer viaje a la Toscana nos había dejado ‘tocados positivamente’ y queríamos repetirlo. Este grupo de 52 jubilados leoneses, la mayoría profesores, ha cerrado un ciclo de siete viajes a Italia, de ocho días, siempre en primavera. Hemos pateado toda Italia: Roma y su pasado imperial, Venecia y sus canales, Nápoles al pie del Vesubio, Sicilia amenazada por el Etna o la Emilia comandada por Bolonia. Todo ha sido fascinante. Empezamos por la Toscana y queríamos cerrar el ciclo allí. No es verdad que nunca segundas partes fueron buenas. ¡Cuántas veces habré estado en Florencia y Roma! Y siempre me voy con ganas de regresar. Nosotros queríamos volver a saborear la esencia de esta región. Deseábamos pasear por ese paraíso inconfundible donde los pueblos, entre paisajes idílicos, parece que se han detenido en el tiempo. Decidimos ir en la última semana de abril. Hemos regresado este lunes. Nuestro campamento base estaba en Florencia, en el hotel Roma, en el corazón de la ciudad, ente el Duomo y la Signoría. Hemos vuelto a enamorarnos de este pequeño rincón del mundo lleno de pequeñas colinas con amurallados pueblos medievales, casi de cuento, rodeados de cipreses o viñedos. Cada día, desde el autobús, podíamos gozar de maravillosos paisajes. Cada turista recuerda sus viajes de una forma subjetiva y personal. A mí, de la ‘otra Toscana’, me impresionaron sus paisajes sacados de un libro de cuentos. ‘El Valle del Orcia’, desde San Quirico hasta Pienza ofrece suaves colinas, cipreses que separan los campos, casas solariegas y palacetes que destacan sobre las crestas de los cultivos. ‘El bosque impresionante de la Toscana profunda del sur’, Pitigliano. Entendimos la razón de que sea un pueblo casi abandonado, porque es necesario pasar 100 kilómetros de curvas que marean hasta al conductor. Creo que ‘Cinque Terre’ está sobrevalorado por la propaganda. Esos cinco pueblecitos marineros que se encuentran enclavados entre escarpados acantilados y rodeados por colinas y viñedos son bellos, pero no tanto como la costa Amalfitana. Yo prefiero Positano.

Dedicamos tres días a Florencia. Esta ciudad merece una visita pormenorizada para ella sola. Mirando el plano, recuerdo ahora los puentes que cruzan el Arno, las plazas del Duomo y la Signoría, los palacios y los museos: el Palazzo Vecchio, el Palazzo Piti, las Galerías Uffizi, el Ponte Vecchio… Difícil encontrar en el mundo una ciudad con tanta historia, tanto arte, tanta cultura acumulada y tanta belleza, como la del síndrome de Stendhal.

Difícil también encontrar un grupo como el nuestro. Tengo la sensación de que Italia ha marcado una huella entrañable en estos jubilados. Recuerdo a Mariam, nuestra guía, siempre al micrófono, elevando el grado de calidad del viaje, haciéndonos ver lo que nosotros solos no vemos. ‘La Primavera’ de Sandro Botticelli, con su explicación, no es la misma que he visto tantas veces. Gracias, Mariam. Gracias a todo el grupo por el regalo de estos siete viajes a Italia: Irrepetibles e inigualables.

Tengo la sensación de que este año ha sido el mejor de los siete. El tiempo pasó volando. Fueron ocho días de ensueño. Sin prisas, pero sin un minuto de aburrimiento. Nos acompañó el tiempo: con sol y sin lluvia, temperatura perfecta de 10 a 25 grados. Ninguna incidencia. Puntualidad exquisita. Alegría, bromas y buen humor en el grupo. El secreto del éxito de este viaje está precisamente en esa excelente convivencia, todos para todos y haciendo piña. Se ha formado una verdadera familia. El principal objetivo es hacer felices al resto. Todo salió como soñábamos que saliese. Todos hemos colaborado apoyando desde el rol que nos tocaba como una orquesta en la que nadie desafinaba: fotógrafos, cargadores de audioguías o los cicerones turísticos por la ciudad. Es de rigor agradecer la labor de tantos otros que han colaborado en este ‘concierto’: desde los chóferes al personal del restaurante y hotel. Un recuerdo especial para Pedro, director de Viajes Barceló, por el mimo con que ha cuidado todos los detalles de este viaje a la Toscana, «un privilegio para unos pocos afortunados».

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