En la primavera de 2019 comencé a organizar viajes a Italia con un grupo de amigos, la mayoría profesores jubilados, como yo. Elegimos visitar la Toscana en la última semana de abril y pudimos contemplar su mejor color. Se superaron todas las expectativas. Me presionaron para volver a Italia año tras año. Ya van seis zonas italianas visitadas. Este año será la séptima. El número 7 simboliza la plenitud o la perfección. Decidimos «cerrar el ciclo» otra vez en la Toscana. Hace seis años que estuvimos allí. Aún tengo en mi retina y en mis fotos las casas en los picos de las colinas, los campos llenos de viñedos, los coquetos pueblos medievales o los pequeños montes ondulados con colores indescriptibles. Pero la estampa más típica, bella y bucólica de la Toscana la encontramos en el Valle de Orcia, una auténtica maravilla de suaves colinas, viñedos y filas de cipreses. Pura magia que volveremos a visitar este año. Es muy difícil describir esa región idílica que alucina a los turistas por su campiña llena de colinas en las que se asientan las residencias campestres con sus entradas marcadas por cipreses. Cuando la colina es un poco más pronunciada la rodean de murallas y aparecen los pueblos paradisíacos y «de cuento». Esa Toscana está de moda y llena de turistas de todo el mundo. Allá vamos nosotros otra vez, desde el 19 al 26 de abril, 52 jubilados leoneses. Los mismos que estuvimos el año pasado en la Costa Amalfitana y Nápoles. Nos alojaremos en el centro de la ciudad del síndrome de Stendhal, un trastorno psicosomático que se produce al verse abrumado por la belleza artística y que causa un elevado ritmo cardíaco, felicidad, palpitaciones, sentimientos incomparables y emoción cuando el individuo es expuesto a obras de arte, especialmente bellas, como las que vio el escritor francés Stendhal, al visitar Florencia en el siglo XIX. Nosotros corremos mucho peligro de contagio porque nuestra guía, Mariam, con sus comentarios, nos permite ver más belleza que la que enfermó a Stendhal.
Destacaré dos visitas especiales: Un día recorreremos en bus toda la región, de norte a sur, desde Florencia a tres pueblos de la Toscana profunda del sur: Pitigliano, Sovana y Sorano. Parecen sacados de un libro de fábulas. Si contamos con la suerte de tener un día claro conoceremos y gozaremos del paisaje toscano.
Otro día iremos a ‘Cinque Terre’, el rincón con más encanto de Italia. Son cinco pueblecitos marineros que se encuentran enclavados entre escarpados acantilados y rodeados por colinas y viñedos. Parecen sacados de una postal, destacan por los vivos colores de sus casitas que contrastan con el intenso azul del mar y regalan a los visitantes paisajes de ensueño. La costa de Cinque Terre es uno de los grandes tesoros italianos y una ruta que hay que hacer alguna vez en la vida. Nosotros, aunque tarde, aún hemos llegado a tiempo.
Deseamos tener un viaje maravilloso y soñamos con traer una experiencia inolvidable. A la vuelta os lo contaré.