Tras los atentados cometidos por Hamás en octubre de 2023, la Unión Europea invocó el derecho de Israel a defenderse para justificar la brutal respuesta del Estado sionista contra la población palestina. Una reacción desproporcionada –el teólogo y jurista Francisco de Vitoria sostenía que, aunque la única guerra legítima era la defensiva, esta debía realizarse siempre de manera acorde a la ofensa recibida– que olvidaba, además, todo el pasado de enfrentamientos entre Israel y Palestina. Un historial de violencia que no comenzaba, en ningún caso, en los ataques del 7 de octubre, sino que se remontaba varias décadas atrás. Negar la propia historia no solo impedía comprender la magnitud y el origen del conflicto, sino que permitía excusar de manera inmoral una respuesta que la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas calificó en 2025 como genocidio contra los palestinos de Gaza, una conclusión que ha vuelto a reiterar en 2026. Quizás con ánimo de enmendar este olvido consciente, la directora palestino-estadounidense Cherien Dabis ofrece en ‘Todo lo que fuimos’ un vibrante y emocionante fresco histórico que permite comprender las profundas raíces del sufrimiento palestino.
Ambientada en cuatro tiempos distintos y protagonizada por tres generaciones de una misma familia, la película recorre la historia reciente del pueblo palestino, desde la proclamación del Estado de Israel tras la finalización del mandato británico en 1948 y la consiguiente Nakba, que provocó el desplazamiento y la expulsión de más de 750.000 personas, hasta una actualidad marcada por bombardeos sobre escuelas y hospitales, niños mutilados y poblaciones aniquiladas por completo. Entre ambos extremos, ‘Todo lo que fuimos’ muestra el confinamiento en Gaza y Cisjordania de las familias arrancadas de sus tierras, sometidas a la humillación de los soldados israelíes, a los toques de queda y a la arbitrariedad de la represión. Y demuestra cómo la rabia y la impotencia ante la injusticia, el miedo inoculado en las venas y el odio en la sangre, la nostalgia por aquello que se tuvo y fue cruelmente arrebatado, o incluso por aquello que nunca se tuvo ni se conoció —en el caso de los más jóvenes—, se heredan de abuelos a padres, de padres a hijos y de abuelos a nietos.
Aunque en ciertos momentos de la película, especialmente durante el primer tramo, Dabis incurre en la sobreexplicación, poniendo en boca de sus personajes frases que parecen más salidas de ella misma que de ellos, conforme avanza la narración se añaden capas y capas de matices que vuelven más complejo –y, por ello, más certero– el relato. La directora, consciente de la dimensión y la trascendencia de los hechos que, más que contar, denuncia, no tiene miedo de alargar el metraje y dejar que sea el propio peso trágico de las imágenes el que sacuda el corazón del espectador y lo conmueva. Imposible no hacerlo, salvo que las cegueras ideológicas lo impidan, ante la causa de los palestinos, que es, hoy en día, la causa de todos los desposeídos.
El mundo entero se la juega en esa minúscula y arrasada franja, tierra yerma de escombros donde, sin embargo, pervive todavía una resistencia que, como les ocurre a los protagonistas, reside en la dignidad de no perder su humanidad y, especialmente, en no consentir que borren sus recuerdos. Dabis convierte así la propia película en un ejercicio de memoria y en una interpelación directa a todos los palestinos: ‘Todo lo que fuimos’, como reza el título, es un recordatorio de aquello que fueron y que no deben olvidar, porque solo desde el pasado es posible comprender el presente y caminar hacia el futuro, incluso cuando, como al propio pueblo palestino, se le ha arrebatado hasta la posibilidad misma de tenerlo.
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