El pasado sábado varios miles de personas, en un abarrotado auditorio de Ponferrada, disfrutamos de un precioso concierto a cargo de los bercianos Tito y Tita. Estos dos hermanos, nacidos en Fabero, gozaron de un gran éxito a comienzos de la década de los ochenta en el mundo de la canción infantil. A él lo conocí como monaguillo y, junto con su hermana y otros niños, se formó un pequeño coro parroquial. La voz de los hermanos destacaba sobremanera y no me resistí a grabar a Tito en una cinta de radiocasete algunas canciones de moda. Una de ellas era la de ‘Eres como una espinita’. Recuerdo que se la puse a mi madre para que la escuchara y quedó prendada. Muy pronto, el recordado cronista de la radio, «desde Fabero y su cuenca minera», Manuel Pérez Álvarez, se encargó de darles publicidad, con el gran apoyo de los locutores Yolanda Ordás e Ignacio Linares, y no tardaron en subir como la espuma. Un momento muy especial fue su actuación en una noche de fin de año, en la única televisión que había en España, todavía en blanco y negro, cuando las familias, después de comer las uvas, se centraban en la pequeña pantalla.
Han pasado más de cuarenta años y ya hace bastantes que dejaron de cantar. Nos sorprendió y nos hizo ilusión el anuncio del mencionado concierto de la pasada semana. Las voces, especialmente la de Tito, ya no son las mismas. Él antes era un niño y ahora es un hombre con una voz diferente, pero no nos han defraudado para nada. Al contrario, el público estaba encantado. Nada de ‘playback’, ni de música de fondo grabada. Ha sido impresionante la actuación de una orquesta formada por jóvenes ponferradinos. Una velada entrañable e inolvidable.
En un Bierzo todavía oliente a humo por los recientes incendios, me emocionaron las palabras de Tito dirigidas a los damnificados por el fuego, recordando una noche, también inolvidable, pero trágica, en la que, hace algunos años, ardió la casa de sus padres con todo lo que contenía dentro, advirtiendo que siempre es posible remontar. Se dio la circunstancia de que me encontraba muy cerca y al ver salir mucho humo por el tejado subí al piso de arriba para que salieran sus hermanas. Después pude subir a los tejados colindantes para que no se extendiera el fuego. ¡Cuántos recuerdos que se han vuelto a actualizar con este maravilloso concierto! Pero, sobre todo, y en vista del éxito del sábado, me atrevo a decirles con Yolanda Ordás, que merece la pena que vuelvan a los escenarios.