Te has enterado de la última, ¿no? Ahora resulta que la Junta valora imponer por decreto –literalmente– que determinados restaurantes ofrezcan productos con el sello ‘Tierra de sabor’. Como lo oyes… Vamos, que si lo llegan a anunciar el 28 de diciembre, nos lo ‘cuelan’ como inocentada. ¡Ay, mamina!
No sé tú, pero yo no soy capaz de entender cómo es posible que, en los tiempos que corren, se pueda siquiera plantear que un restaurante –por mucha categoría que tenga– se vea obligado a ofrecer unos productos concretos. Y más, estos de ‘Tierra de sabor’, la ‘marca’ que desde la Junta de Castilla y León se intenta vender, desde el año 2009, como algo nuestro [si aún no lo tienes claro, vuelve a leer el primer párrafo].
Digo yo que cualquier negocio ofrecerá a sus clientes lo que mejor se ajuste a sus intereses, ya sea por precio, por calidad o, si me apuras, hasta por su amistad con el proveedor. Porque le dé la gana, vaya. Y luego serán dichos clientes quienes juzgarán y obrarán en consecuencia.
Si yo tuviera un restaurante –que no es el caso–, quizás ofreciera en mis cartas queso castellano, ternera de Ávila o vinos de Ribera del Duero. O queso manchego, ternera gallega y vinos de Rioja. Ahora bien, ni unos ni otros –por mucho que se empeñen– son nuestros. Y, desde luego, la razón de elegir unos u otros productos no sería más que ‘creer’ en ellos, considerarlos la mejor opción. Imagino que tú harías lo mismo…
Que la Junta intente potenciar su sello, es entendible. Pero, vamos… que a alguien se le ocurra intentar que los hosteleros pasen por este aro –como hacían los leones de Ángel Cristo– es inaudito. Me decía un amigo que solo falta que nos digan qué calzoncillos comprar; pero tampoco hay que exagerar tanto…
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