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Tiempo de danzas

11/06/2025
 Actualizado a 12/06/2025
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A lo largo de toda la primavera, hay un júbilo en el mundo campesino, debido al tiempo nuevo, a la renovación del tiempo, que se traduce y se expresa en no pocas fiestas populares que, a lo largo de la estación, tiene como uno de sus componentes, en distintos lugares y pueblos leoneses, la realización de danzas.

Tales danzas suelen estar ejecutadas por hombres, primorosamente ataviados con indumentarias en las que predomina el blanco y hasta con una suerte de enaguas rematadas por puntillas, que les otorgan un grácil aspecto femenino. Y, además del blanco, la utilización de cintas de colores, como remate, por ejemplo, de las castañuelas que tocan, refuerza y subraya ese primor y esa gracilidad de los que hablamos.

Son indumentarias de celebración, de ponerse en consonancia con la nueva estación primaveral; así como sus danzas, posiblemente, con sus ritmos tan vivos, acompañados por los sonidos de las castañuelas, tengan el significado –debido a esa magia simpática a la que aludiera Frazer– de propiciar ese ritmo del brotar de la vegetación y de excitar la fecundidad de los ganados y de los campos.

Tiempo de danzas el que, a lo largo de toda la primavera, caracteriza no solo las celebraciones de las tierras de León, sino también de otras de la Meseta y aun de toda la Península Iberica.

Tal tiempo tiene en la fiesta del Corpus Christi una de sus máximas intensidades. La fiesta más conocida en la provincia de León de celebración del Corpus Christi con procesión acompañada y estimulada por las danzas ocurre en la localidad de Laguna de Negrillos. Mucho se ha hablado de ella y, por tanto, no vamos a insistir en lo ya conocido por muchos.

Pero hay otras, hay más. Esas danzas enigmáticas de La Cabrera, tanto en el Corpus como en otros momentos cercanos al solsticio de verano, ya las recogió Concha Casado, con esas letras de cantares que las acompañan, con títulos y evocaciones tan exóticas que nos llevan hasta retrotraernos y alcanzar nada menos que el Antiguo Testamento, como la titulada ‘Danza del rey Nabucodonosor1, tan evocadora…

Hay, sin embargo, otros muchos pueblos leoneses que celebran algunas de sus fiestas primaverales con danzas e indumentarias como las que acabamos de describir, en el Páramo, en los Oteros y en otros ámbitos de la provincia.

Y no es una tradición de ayer tarde. Viene de más antiguo. De celebraciones que nos llevarían hasta los tiempos modernos y aun hasta los medievales. Y quién sabe si no tendrán también que ver hasta con ritos precristianos de propiciar el tiempo nuevo del amor, de la fertilidad y de la fecundidad.

A mediados del siglo XVIII –en las respuestas generales que dan algunos pueblos al cuestionario del Catastro de Ensenada–, ya nos encontramos documentadas algunas de estas danzas.

Así, por ejemplo, en la localidad de Tejedo de Ancares, en el apartado valle del mismo nombre, entre León y Galicia, en ese momento histórico, el común desembolsa 150 reales de vellón «que emplea y gasta en cera y danza para la función del Corpus».

Y, siguiendo con la fiesta del Corpus Christi, la localidad berciana de Fuentes Nuevas gasta cada año 30 reales de vellón cada año «con los danzantes en las procesiones de Corpus Christi».
Mientras que –y ya terminamos con este ejemplo– el común de la localidad de San Martín de la Falamosa «hace función de Corpus en cada un año con once sacerdotes, con los cuales y danza, cera y gastos de refrescos, distribuyen 250 reales».

Tiempo de danzas. Tiempo de renovación del tiempo cíclico. Tiempo de promesas, en que la vegetación se renueva, para proporcionarnos nuevos frutos. Por eso celebramos.

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