Aunque cada poco tenemos noticia de catástrofes naturales, inundaciones, fuegos, terremotos…, lo dos recientes ocurridos en Venezuela han tenido un impacto especial, tal vez por el hecho de que, por muy diversas razones, Venezuela no para de estar de actualidad, además de ser un país muy cercano al nuestro. Sin duda este tipo de acontecimientos son como una especie de llamada a toda la humanidad, si bien tienden a entrar muy pronto en el armario del olvido.
Personalmente reconozco que me quita el sueño pensar en el sufrimiento, no tanto por los que han muerto, que suponemos que están en paz, sino por los familiares que quedan vivos y muy especialmente por los que han permanecido vivos bajo los escombros, unos pudiendo sobrevivir y otros en una interminable y angustiosa agonía. Siendo terrible el perder la casa y todos los enseres, uno de da cuenta de que los bienes materiales son poca cosa comparados con la vida humana. En todo caso deberíamos darnos cuenta de que nosotros muchas veces nos quejamos de vicio y que con frecuencia vivimos obsesionados por tener y tener cada día más.
Pero hay otra cuestión muy importante que nos lleva a plantearnos serios interrogantes, sobre todo cuando nos preguntamos por el papel de Dios en estas circunstancias. No olvidemos que entre las causas del ateísmo juega un papel muy importante la existencia del mal en el mundo: ¿Por qué Dios permite el mal? En este sentido cabe recordar a autores como Albert Camus en libros como ‘La Peste’. La respuesta no es fácil, pero no deberíamos imaginar a Dios como alguien que maneja al mundo y al ser humano como si fuéramos marionetas. No podemos perder de vista que Dios respeta la libertad del ser humano y la autonomía de las leyes físicas.
Si yo me pongo al borde de un precipicio y me inclino y caigo al vacío, no es que Dios me empuje, sino la ley de la gravedad. Los terremotos tienen una fácil explicación. Y si hay guerras, injusticias, egoísmo y grandes desigualdades no es porque Dios lo quiera, sino porque el hombre abusa de la libertad. Si un terremoto de características semejantes en Japón no deja muertos es porque se han esforzado en construir siendo prevenidos. En una nación rica como Venezuela, pero con un Estado fallido y corrupto los resultados son catastróficos. Y a la hora de hacer frente a la tragedia han sido unos incompetentes. Lo triste es que algunos españoles han apuntalado la dictadura y se han aprovechado de ella para enriquecerse. Por nuestra parte ahora nos queda no mirar para otro lado y ser solidarios.