Noelia Rodríguez de Celis

La tecnología avanza. El liderazgo le da sentido

05/05/2026
 Actualizado a 05/05/2026
Guardar

Durante años liderar una empresa ha significado, en gran medida, tener respuestas. Saber, decidir y marcar el rumbo. Y muchos líderes han construido su trayectoria desde ahí. Con esfuerzo, responsabilidad y capacidad de sostener organizaciones en entornos complejos. 

Pero el contexto ha cambiado. Y lo está haciendo a una velocidad que no habíamos vivido antes. 

La irrupción de la IA no es sólo un avance tecnológico, es un cambio de escenario. 

Según el World Economic Forum, el 44% de las habilidades básicas actuales cambiarán en los próximos años debido a la aparición de nuevas tecnologías hacia habilidades socioemocionales y de liderazgo, motivación y autoconciencia, entre otras. 

En España, la CEOE llevan tiempo alertando de la dificultad creciente para encontrar talento adaptado a los nuevos entornos digitales. Y el INE apunta que la adopción de tecnologías avanzadas no está plenamente integrada en gran parte del tejido empresarial. 

Hablando, hace unos días, con el responsable de recursos humanos de una empresa industrial de la región, me compartía una realidad que se repite en muchas organizaciones. Se promociona y se da responsabilidad a personas técnicamente excelentes. Pero cuando asumen la responsabilidad de liderar equipos, se encuentran con algo nuevo. No sólo tienen que gestionar personas, con todo lo que ello implica, sino que tienen que hacerlo en un entorno donde todo cambia constantemente. 

Y ahí empiezan a aparecer las inseguridades y los bloqueos.

No estamos hablando de falta de talento. El nuevo escenario exige habilidades que hasta ahora no estaban en el foco. 

En la empresa grande, la transformación suele venir acompañada de planes estratégicos, recursos y estructuras. En la empresa pequeña no. 

Un despacho profesional que incorpora una automatización. Una pyme que aprovecha la IA para tareas administrativas. Un comercio local que digitaliza canales de venta. 

De repente tareas que desaparecen, personas que no saben dónde aportar valor, equipos que se resisten, líderes que tienen que gestionar lo desconocido. 

Aquí no hay departamentos de innovación. Lo que hay son personas intentando sacar adelante su empresa. Y en este escenario, liderar se vuelve más exigente que nunca. 

Algunas organizaciones han entendido que este cambio no va sólo de tecnología. Va de personas. 

Empresas como BBVA, Telefónica, Inditex o Mercadona ya están avanzando en esta dirección, formando a sus equipos, integrando la IA en su día a día y manteniendo a las personas y su capacitación en el centro.

Puede que se nos antojen ejemplos lejanos, pero todos ellos apuntan en una misma dirección, la tecnología avanza cuando las personas también lo hacen. 

No es cierto que lo que estamos viviendo sea completamente nuevo. Hay modelos empresariales que ya anticipaban este cambio. 

Uno de ellos es el Just in Time, desarrollado por Toyota tras la segunda guerra mundial.

Un modelo que revolucionó la industria no solo por su eficiencia, sino por algo mucho más profundo: las personas en el centro. Porque la mejora continua no nace solo de dirección. Nace de escuchar a quienes están dentro del proceso.
Y eso, en esencia, es lo que hoy vuelve a estar en juego. Con la IA buscamos eficiencia y velocidad. Pero al igual que en el JIT, hay algo que marca la diferencia. La capacidad de escuchar, interpretar y adaptarse constantemente. 
En este contexto, el conocimiento técnico sigue siendo importante. Pero ya no es suficiente. 
Según Linkedin, las habilidades más demandadas están evolucionando hacia la adaptabilidad, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional y el aprendizaje continuo. 
Según PwC alrededor del 77% de los trabajadores está dispuesto a aprender nuevas habilidades para seguir siendo empleables. 
La voluntad está. Pero no siempre está claro cómo canalizarla dentro de las organizaciones.
Aquí es donde el liderazgo encuentra una nueva oportunidad. El reto no es solo hacerlo mejor sino revisar si lo que estamos haciendo tiene sentido en el contexto actual.
Cualquier persona que esté liderando una empresa, un equipo o un negocio probablemente ya lo esté sintiendo. 
La presión, la incertidumbre, la necesidad de acertar, de estar a la altura.
En muchos casos, no tiene que ver con hacer más. Tiene que ver con mirar hacia adentro de otra manera. Pasar de dirigir tareas a acompañar procesos, de dar respuestas a abrir preguntas, de controlar a generar confianza. Eso es, en esencia, liderazgo adaptativo.
Se trata de no dejar de evolucionar.  Y eso, en el fondo, también es innovación.
Solemos asociar innovación con tecnología, pero la verdadera innovación hoy pasa por algo más profundo: aprender a integrar lo humano en medio del cambio.
La inteligencia artificial va a seguir avanzando. Pero la diferencia real seguirá estando en las personas. Porque, al final, el sentido y el propósito siempre han sido —y seguirán siendo— humanos.

Archivado en
Lo más leído