06/09/2026
 Actualizado a 06/09/2026
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Tayeb es el pastor del rebaño de Las Pintas, allá para las montañas de Riaño. De no estar Tayeb posiblemente, casi con seguridad, no habría rebaño en este paraje porque «es más difícil encontrar un buen pastor que un mal ingeniero», como bien explicaba Santiago el de Argovejo, que era pastor, no sé si bueno, pero buen conversador sí, el mejor.

Tayeb salió de Argelia nada más cumplir 18 años. Eran cuatro hermanos y ahora viven en cuatro países diferentes de media Europa. Tayeb llegó a Marruecos y desde allí, en las navidades de 2025, cruzó a nado hasta Ceuta (¿os suena?). Tardó toda la noche en recorrer —calcula él— 16 kilómetros pues nadó dando rodeos contra el miedo. Llegó al amanecer, exhausto y con miedo pues le sobrevolaban bandadas de gaviotas que temía que fueran un aviso para ‘las fuerzas del orden’. 

No lo fueron. Durmió sin techo hasta que le encontró Cruz Roja y ha recorrido ciudades y trabajos hasta llegar a Las Pintas, donde te regala una sonrisa y unas palabras pues ha aprendido más español que inglés la mitad de los presidentes de Gobierno de España.  

Cuando a Tayeb le preguntas, ya sabéis, «si no estaría mejor con su madre, en su país», en vez de darte la ostia a mano vuelta que merece tu impertinencia te regala una sonrisa y musita una pregunta: «¿Y qué comemos?».

Tayeb, que ha hecho trabajos que nadie quiere, claro que quiere estar junto a su madre. De hecho, su sueño, su meta, es acabar de arreglar todos sus papeles, tenerlos en regla para asegurarse que puede volver e irse «a ver a mi madre, a llevarle el dinero que he ahorrado, a decirle que estoy muy bien y que tengo trabajo».

No le hablará de aquellos compañeros de aventura, de sueños, que vio morir, unos en el desierto, otros en el mar, en la fosa común de cuyas entrañas se  han quedado. 

Ysonríe mientras juega con un carea que no sabe que Tayeb no es de aquí, él solo siente el cariño con el que le habla el pastor. «Es muy listo... y muy bueno», dice. 

Tayeb no pierde la compostura cuando le preguntas si no estaría mejor con su madre. Y si pudiera vivir en un ático justo enfrente de su casa... ya ni te cuento. 

Lo que pasa es que Tayeb no sabe qué es un ático. 
 

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