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Tardeo de interior

01/03/2026
 Actualizado a 01/03/2026
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Soy muy sensible a la belleza, flipaba Calamaro, y era su problema. El mío es que soy muy sensible a la aberración social y el otro día me castigó el bazo mi dolencia. Fui de tardeo por la Plaza Mayor después de comer maravillosamente al sol en el Massara y vi cosas que querría olvidar. 

Entramos en un sitio famoso por funcionar para el tardeo de interior (¡incongruentes!) cuya distribución humana apestaba a rancio. Alejadas de la barra en la esquina de la izquierda según entras, en el también llamado lado corto de la L, estaban las chicas con sus botines y sus rizos teñidos. En el lado largo, volcado en la barra, el ochenta por ciento de la clientela, consistente en grupajos de hombres en camisa sobre abdomen no disciplinado. 

Que el bar fuera un campo de nabos no me sorprendió pues son todavía así muchos lugares, algunos tan progres como la Revuelta, según crítica en directo eta semana de Rigonerta Bandini al ser entrevistada. Ese es el resultado de no aplicar cuotas, valga la explicación, aunque tentado está uno de considerar la contribución esporádica en el programa televisivo de Candela Peña como un por mil de cualquier género ¡maricas!

No estuvimos incómodos, no tardaron en servirnos, no olía mal, estaban limpios los baños. Pero la selección musical era vomitiva, atiborrada de viejas glorias de hace treinta años. No es que se atreviesen con ‘Embrujada’ o ‘Ellos dicen mierda’ sino que abusaban de merluzadas comercialonas pro-cólico. Es mil veces preferible un sitio de perreo chulo donde suene ‘Nuevayol’ y sucumbamos a ese español electrónico ininteligible tan de Puerto Rico que la nostalgia alquitranada con la que nos torturaron.

Todo esto sucedió en La Pañería, por qué no decirlo, invento hostelero de manual de escuela de negocios trasnochada, ubicado donde estuvo el Universal, aquel garito de copas molón a diferentes niveles con su recoveco elevado en plan palomar alejado de la barra que permitía todo tipo de perrerías.

Lo vivido el sábado fue un panorama tan poco atractivo que no podías dejar de mirar por el cristal contemplando que por la calle familias con niños pequeños paseaban tranquilamente, lo cual sería el mayor de los fracasos para un empresario del ocio canalla si lo hiciera el grueso de la clientela, no un aislado moralista sensiblero y escogidito.

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