Menudo viaje nos ha invitado a realizar el analista geopolítico y coronel Pedro Baños. Hace algo más de un año presentaba en León su ensayo ‘Geohispanidad: la potencia hispana en el nuevo orden geopolítico’ y este jueves nos ha hecho recorrer casi 20.000 kilómetros para viajar hasta China gracias a la presentación de su último trabajo, ‘El tao de la guerra: las estrategias eternas del poder chino’. Es lo que tiene la geopolítica, que pegas un salto de un continente a otro sin esfuerzo alguno.
Tengo que reconocer que soy un afortunado, porque en ambos viajes he participado como copiloto junto a la historiadora Margarita Torres, teniendo la oportunidad de preguntar al autor aquellas dudas que me asaltaron tras la lectura de ambos trabajos de investigación.
A través de ‘El tao de la guerra: las estrategias eternas del poder chino’, Pedro Baños nos hace una minuciosa descripción de la estrategia actual de China para convertirse, si no lo es ya, en la dueña del mundo. Eso sí, para entender el presente es necesario viajar en el tiempo y acudir al pasado de esta civilización milenaria. Lo que está claro es que, sin este viaje al pasado, es imposible comprender lo que va a venir en el futuro. Es una realidad que las formas tan dispares de entender el mundo, la sociedad o la familia facilitan la incomprensión mutua, aunque, eso sí, mi tocayo es de la opinión de que ellos nos conocen mejor a nosotros que a la inversa. Y eso, según vas pasando las páginas, da algo de miedo, ya que una de las lecciones de Sun Tzu, figura clave de este ensayo, es que para vencer al enemigo en la batalla es clave conocerlo.
Una de las dudas que cada vez se me hacía más patente durante esta lectura es si China hubiera conseguido lo que ha logrado en las últimas décadas si fuera una democracia. O, dicho de otra manera, ¿es posible que las democracias de Occidente puedan vencer en esta lucha por el poder mundial cuando enfrente tienen una dictadura? Y, si la respuesta es no, ¿qué salida debemos adoptar? ¿Morimos con las botas democráticas puestas o es preferible cambiar ciertos valores o principios asumidos como innegociables por Occidente para tener alguna posibilidad de no convertirnos en meros peones de China?
La clave para ofrecer algo de resistencia al gigante chino pasa por pensar a largo plazo, como hacen ellos, pero ahí nos enfrentamos al problema de que el único objetivo de nuestros políticos es ser reelegidos en las próximas elecciones, lo que nos condena a jugar una partida desigual frente a los discípulos de Sun Tzu.