Llevamos toda la pandemia con un ojo puesto en cómo va la curva de contagios y otro en nuestro siguiente planazo ¿Quién no ha dicho lo de «para entonces ya se podrá»?
El 14 de marzo...
— ¡Qué nos encierran dos semanas! Bueno, mi ‘cumple’ es el 29 así que sigue en pie lo de celebrarlo.
El 20 de mayo...
— Cállate, esto ya va mejorando, ¿cómo no vamos a poder ir a ‘la Tomatina’?
El 30 de noviembre...
— Oye, ¿la Nochevieja con tus padres o con los míos?
Para hacer más llevadera esta concatenación de sinsabores, quien más, quien menos ha tirado de efemérides, del «¿te acuerdas de hace un año cuando...?». Ahora que parece que, al igual que con la vacuna, será necesaria una segunda dosis de cancelaciones vamos poniendo en nuestros labios la indiferencia del «tal día hizo un año». El Viernes Santo, San Froilán o el 1 de enero pasaron, ni para nuestro provecho ni para nuestro daño. Así los recordaremos, con una resignación que se va amoldando al trauma y que ya solo pide porque algún día, casi con un «cuando sea» en la boca, se pueda ocupar una baldosa de la Plaza Mayor en ‘El Encuentro’, bailar un pendón el 5 de octubre o desayunar churros al volver de un cotillón.
Antes de recibir esta segunda dosis y regresar a aquella vida, intentemos evitar que las nuevas efemérides sigan siendo más cabos de año. Esas fechas que todos tenemos, como en esa en la que ahora tú estás pensando, y que nunca se recuerdan con el desdén del «tal día hizo un año». Ya hemos sufrido bastante. En memoria de ese ayer, cuidémonos hoy en favor de los recuerdos del mañana.
Vaya, me sobran unas líneas... ‘Gatu’ y Guille, ¿os acordáis de hace un año cuando nos reíamos en el Carnaval de La Bañeza porque un tío disfrazado de ‘Pollonavirus’ nos dijo que nos iba a meter no sé qué? Pues eso, que tal día hizo un año que nos la metieron doblada.
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