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La sutura del tiempo

25/03/2026
 Actualizado a 25/03/2026
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Existimos, al par, en el tiempo lineal, que va del pasado al futuro, y en estacional o tiempo cíclico, a través del que vivimos, año tras año, todas las reiteraciones o ciclos de la naturaleza, en el que el gran paradigma es el de la muerte y la resurrección constantes.

Y tal parámetro, del que tenemos continuadas experiencias, a la vez que en el tiempo natural, se configura en la esfera de lo religioso, a través del nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Son los ciclos litúrgicos, de los que, en la cultura tradicional leonesa, son fruto, en el ámbito dramático o teatral, las representaciones populares campesinas de las Pastoradas y Auto de los Reyes a lo largo del período navideño, así como, en el tiempo de la Semana Santa, las representaciones de la pasión y muerte de Cristo.

También contamos –o contábamos– en la provincia de León con representaciones, en diversos pueblos, de la pasión y muerte de Cristo, en las que los propios vecinos, dirigidos, por ejemplo, por un maestro, escenificaban ante todo el pueblo, en algún ámbito abierto de la localidad, casi siempre, tales escenas religiosas.

Nos vienen ahora a la memoria tres localidades leonesas en las que, al menos, se han realizado tales representaciones de la Pasión: Valporquero de Rueda (cuyo texto recogió el llorado Jesús Ferreras, en una monografía sobre esta localidad); Villaverde de Arcayos, el pueblo del santuario mariano de la Virgen de Yecla, cuyo texto tiene recogido nuestro amigo Víctor; y Villaverde la Chiquita, el alma de cuya representación era un desaparecido maestro don Vidal, que ejerció en el pueblo durante décadas y se estableció familiarmente allí (nosotros estamos en contacto con su nieto Florencio).

Contamos, incluso, con la reproducción de alguna vieja fotografía en blanco y negro de tales representaciones; en concreto, de Villaverde la Chiquita, con los paisanos caracterizados de Cristo o de apóstoles y otros personajes.

Así como tales representaciones, tanto por el montaje, como por los personajes y la escenificación, eran populares, o tradicionales, en la medida en que se reiteraban año tras año; no eran populares, sin embargo, por el texto de la representación, que solía proceder de vía culta.

Así, el texto más utilizado era obra de Emilio Mozo de Rosales y llevaba por título 'El Redentor del Mundo (Pasión de Jesús) (drama sacro en ocho cuadros)'. La edición que poseemos de tal drama es de 1884 y está impresa en Madrid por la Imprenta de la Viuda e Hijos de Abienzo.

Emilio Mozo de Rosales, nacido en 1832 en Francia (de modo ocasional), tiene un origen familiar soriano, aunque estaría vinculado con Madrid; estableciéndose, sin embargo, en 1867, en Berlanga de Duero, por motivos matrimoniales, y es autor de una abundante y variada obra dramática.

'El Redentor del Mundo' sería estrenada y publicada (Madrid, Imprenta de José Rodríguez) en 1869. Y, como indicamos, es una obra que inspiró no pocos de los textos de las representaciones de la Pasión, escenificadas en nuestros pueblos, también en los leoneses.

Hoy y desde hace ya algunos lustros, están en boga las representaciones, en no pocos pueblos, de las llamadas pasiones vivientes. En la provincia de León, se producen, de uno u otro modo, en localidades, de áreas geográficas tan distintas, como las de Corullón, Olleros de Sabero, o Jiménez de Jamuz, entre otras varias localidades.

Se trata de una tendencia popular, que está terminando por adquirir un rango de tradicionalidad innegable, que tiene no pocas manifestaciones no solo en nuestra comunidad autónoma, sino en toda España.

No es más que una dramatización religiosa de ese teatro litúrgico de Pascua que, en toda Europa, y también en nuestro país, arranca de tiempos medievales y, con distintas claves –como hemos visto–, se ha ido afianzando a lo largo del tiempo.

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