Subrayar las vergüenzas

12/12/2017
 Actualizado a 09/09/2019
Guardar
No debí hacerlo hoy que había comido como una leona el cocido de mamá. Siempre me paso con el doble plato de garbanzos, pero es que me llamaban con una capa de humo aromático como si se tratara de una tarta en los dibujos de animación. Estaba en la primera percha al abrir el armario desgarbado y me lo puse. Era el vestido de los michelines, ese que resalta las vergüenzas y más allá. El que te dice en qué parte de tu piel se ha quedado el postre de chocolate. Desespera tomar decisiones de esas que solo sirven para decirte sin tapujos que ese era el camino con x. Es una cuesta dura verte encajada en tus torpezas, pero, menos mal, me veo sola ante el espejo y eso reconforta un poco. Peor sería enseñar las meteduras de pata a lo grande, verbigracia, con ‘luz y taquígrafos’ de por medio...eso ya no hay cambio de vestuario que lo solucione. Sobre todo cuando lo que se enseña es lo que uno decide para los demás y se equivoca. Llenar de fotos un salón de plenos pensando que se aplaude la historia y envolviéndolo en encaje de sorpresa, cuando hay retratos que hablan de ignominias, de sentencias sin juicio, de recuerdos que aún sangran...y hacerlo como si de un regalo trascendental para la ciudad se tratara, es para romper el espejo, quitarse el vestido relamido y, al menos, tomar el camino menos doloroso, el de pedir perdón. No vale justificar nada frente a una ley cansada de escuchar aplausos a la historia constantemente, solo por ser historia. Las lorzas no se cubren así.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído